Una agenda mínima contra la violencia en la Ciudad de México

La Ciudad de México ha vuelto a las primeras planas nacionales por sus problemas de inseguridad, y urge detonar una amplia estrategia de prevención

Una agenda mínima contra la violencia en la Ciudad de México

Pareciera que poco ha cambiado desde aquel 2004, año en que cientos de miles de capitalinos salieron a las calles para demostrar su rechazo e indignación ante la oleada de secuestros, asaltos, asesinatos y, en general, ante la sensación de que no es posible habitar con tranquilidad esta ciudad.

Los secuestros y asesinatos recientes de Norberto Ronquillo y Leonardo Avendaño despertaron a la capital de su autocomplaciente fantasía de supuesta calma. Estos casos visibilizaron una realidad dolorosa: que no son excepción, sino cotidianidad; que la Ciudad de México no es ese oasis de seguridad en medio de un país violento; al contrario, empieza a convertirse en uno de los principales bastiones del delito, incluyendo al crimen organizado.

El secuestro, que se había contenido, ha aumentado más de 270%, tan sólo en los primeros cuatro meses de este año, según cifras que la PGJ reporta a las autoridades federales.

Existe un debate sobre si estos datos en realidad nos permiten hablar de una crisis, dado que más de 97% de los secuestros no se reportan. Sin embargo, hay otros delitos con cifra negra muy baja (es decir, que sí se denuncian), como los homicidios o el robo de vehículo, que también han aumentado entre 30% y 45%, lo que coloca a la ciudad con una de las mayores tasas de crecimiento delictivo a nivel nacional.

Podrán calificarla de crisis o no, pero mal harían las autoridades en asumir que los acontecimientos recientes son casos aislados. Propongo aquí algunas ideas puntuales:

En primer lugar, es necesario fortalecer el análisis georreferenciado de datos criminalísticos, para detectar puntos críticos y desplegar operativos de disuasión. Las autoridades capitalinas cuentan con las herramientas para hacerlo, pero es necesario darle prioridad a esta tarea para construir estrategias más precisas y certeras contra la delincuencia.

Esto tiene que complementarse con la creación de unidades especiales para la investigación de delitos prioritarios. A su vez, se debe enviar un paquete de iniciativas legales para endurecer las penas a delincuentes.

Urge, de igual manera, detonar una amplia estrategia de prevención concentrada en las colonias con mayores índices de violencia.

Pero nada de lo anterior sería suficiente si no abatimos la impunidad, ante lo cual es necesario un proceso eficaz de transición de la Procuraduría a la Fiscalía, y modernización del Ministerio Público.

A la par de las grandes líneas estratégicas, se requieren acciones muy focalizadas como operativos en puntos de comercio ilegal.

Nuestras autoridades capitalinas deben tener muy presente que el binomio entre seguridad y procuración de justicia requiere una coordinación para generar resultados. Sí hay formas de ponerle un alto a la violencia en la Ciudad, que nadie diga lo contrario. Con voluntad política, capacidad y estrategia podemos frenar esta crisis.

Por Guillermo Lerdo de Tejada

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