Un solo equipo

El desarrollo comunitario de a de veras necesita que las empresas escuchen a la gente y la tomen en cuenta

Javier García Bejos / Colaborador / Columna Invitada

Uno de los pendientes más urgentes que tenemos como nación es la generación de bienestar.

Muchas veces, en este espacio, he recalcado que la lucha contra la pobreza en nuestro país no puede ni debe ser monopolio del Estado.

Por supuesto, la política social es la principal responsable de aliviar las condiciones de pobreza en la nación.

Pero del mismo modo otros actores diferentes al gobierno tienen corresponsabilidad en las condiciones en las que viven nuestras comunidades.

En ese sentido, necesitamos impulsar una nueva forma de desarrollo compartido, más equilibrado, que se viva en cada familia mexicana.

Para conseguir mejores resultados en el corto y mediano plazo, esto significa esbozar corresponsabilidades claras, en donde las empresas sean protagonistas de nuevas formas de participación que se reflejen en niveles de vida más altos para los vecinos que viven en la cercanía de esas plantas, oficinas o fábricas.

Este compromiso más activo por parte del aparato productivo nacional debe sentirse precisamente en aquellas regiones más vulnerables.

Se debe impulsar un modelo de responsabilidad social corporativa en donde la presencia de la industria sea motivo de alegría y no de inconformidad.

En este tenor, a inicios de mes, Iberdrola México recibió el Premio Iberoamericano de la Calidad 2019, un reconocimiento internacional que otorga la Secretaría General Iberoamericana y la Fundación Iberoamericana para la Gestión de la Calidad a organizaciones o entidades con prácticas de excelencia en los rubros de calidad y competitividad.

En esta edición, se convirtió en la primera compañía energética privada en México en obtener este reconocimiento.

Al recibir el galardón, los representantes de esta compañía subrayaron la necesidad de incorporar factores humanos y ambientales a sus procesos operativos.

El que una compañía de este tamaño e importancia no sólo en el país, sino en diversas partes del mundo, pueda armonizar el proveer productos de calidad con la construcción de bienestar para empleados y comunidades, demuestra que la eficiencia no está peleada con la generación de beneficio social.

Este famoso dividendo social es parte de la agenda del gobierno federal en México, y también debe serlo para nuestras empresas si realmente queremos transitar de la planeación a la acción en las metas que tenemos comprometidas como parte de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible.

En este mundo que parece cada vez más desigual, la creación de valor para cada miembro de la sociedad tiene que ser una guía fundamental para gobernantes, empresarios, accionistas y ciudadanos en general.

Más allá de lo económico, que ciertamente tiene un peso especial, el desarrollo comunitario de a de veras necesita que las empresas escuchen a la gente y la tomen en cuenta.

Ése es el ingrediente clave para transformar estrategias de responsabilidad social en soluciones.

POR JAVIER GARCÍA BEJOS
COLABORADOR
@JGARCIABEJOS

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