¿Un Presidente gay para EEUU?

Que un candidato homosexual represente una posibilidad de "normalidad" dice mucho de EEUU

José Carreño / Desde afuera   / Heraldo de México

Pete Buttigieg tiene menos de 40 años, es gay, es el alcalde de una pequeña ciudad del medio oeste y semidesconocido en EU.

Pero cree que puede ser el próximo presidente de su país y se postuló el fin de semana, en la cada vez más nutrida carrera por la nominación presidencial del Partido Demócrata.

Buttigieg es el alcalde de la pequeña ciudad de South Bend (Indiana), que alguna vez albergó a la fábrica de autos Studebaker y tras caer en tiempos difíciles ahora parece en vías de recuperación, tanto demográfica como económicamente.

Sin embargo, es más famosa por su proximidad a la Universidad de Notre Dame que por cualquier otra cosa.

Pero ahora es la base de un político que por lo pronto parece en rápido ascenso, reflejado en su base inicial de 65 mil pequeños donantes, que recaudó algo más de siete millones de dólares en una semana y que tiene más de cuatro millones de dólares disponibles en su cuenta bancaria.

Buttigieg es casado y su esposo lo acompaña con frecuencia en sus giras. La imagen de los dos abrazados mientras comparten un beso ya no es extraña en los mitines políticos y por ahora, al menos, se le considera como un candidato caliente, popular entre electores.

Parte ciertamente es su juventud, a los 37 años puede llegar a convertirse en el presidente más joven de la historia de Estados Unidos. También es lo que sus amigos y partidarios llaman sentido común, en un país donde al menos, según las encuestas, la mayoría desea más normalidad en sus políticos.

En otras palabras menos drama, menos confrontación, mejor gobierno.

Que un candidato homosexual represente una posibilidad de normalidad dice mucho de Estados Unidos y su situación actual, pero encaja en la narrativa que algunos politólogos observan en el país.

Para Estados Unidos nuevo no es problema que Buttigieg sea gay y aparezca públicamente con su pareja. O que Kamala Harris, que como fiscal de San Francisco se labró una reputación de fuerza, sea afroestadounidense, y que como varios de los aspirantes no llene el estereotipo de sexo masculino, anglosajón o blanco y protestante.

Pero cual sea la reacción de los no-demócratas o no-liberales está por verse.

Los EU viejos aún tienen fuerza, como lo demuestra la elección de Trump, mucho en reacción a la presidencia de Obama, afroestadounidense y liberal, y mucho como consecuencia del sentimiento de abandono y el temor provocado por cambios sociales económicos estadounidenses.

Y para una buena parte de ese sector, los homosexuales son más que incorrectos sino una demostración de lo que está mal en la sociedad.

Es difícil que Buttigieg llegue a las elecciones primarias (internas) en enero próximo. Su base, en principio, parece insuficiente pese a su impacto inicial.

Pero igual parecía Donald Trump hace tres años.

 

Por JOSÉ CARREÑO FIGUERAS

@CARRENOJOSE1

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