Un pintor ciego que vende

Ser un pintor que de pronto pierde la vista, pero sigue produciendo, podría ser la única razón para escribir de Manuel Solano, sin duda es rescatable su valentía; sin embargo, hay otros motivos, y uno de ellos es su asequible estilo que cada día se vende más por el mundo

Lilia Soren / La fuente / El Heraldo de México
Lilia Soren / La fuente / El Heraldo de México

La mayor parte de sus pinturas son retratos psicodélicos intensos, como si viéramos una imagen de los 80, pero fresca. Su obra se siente urbana, aguda y adulta e infantil a la vez. Es como observar la inocencia de un niño en el sufrimiento de un adulto.

Sus retratos son un ejemplo de cómo funciona la memoria. Si cerramos los ojos e imaginamos nuestra calle, ¿cómo recuerda nuestra mente los colores, el brillo y las formas? Manuel Solano vive esa experiencia en cada obra.

Luego de perder la vista a los 26 años, a raíz de complicaciones con el VIH, confesaba que continuar siendo pintor estando ciego sería como una broma, quizá sí, una broma cruel de la vida, pero no lo fue, al contrario, años después de perder la vista, su carrera artística despegó. Tan sólo, eN 2019 sus cuadros estarán en dos de las ferias más costosas del mundo: en Art Basel Hong Kong y Art Basel Miami Beach.

La semana pasada, Solano tuvo un estudio abierto en el espacio de residencia artística Lagos, donde expuso el proceso de su trabajo. Si usted se pregunta cómo pinta un ciego, Solano lo hace apoyándose de colaboradores cercanos que le ayudan con las mezclas de pintura y a colocar clavos sobre el lienzo que sirven como guía para sus manos, que se deslizan por esos trazos imaginarios.

Y por cierto, si no ha visitado Lagos, es buen momento de darse una vuelta. Es una organización sin fines de lucro que apoya proyectos de arte de la Ciudad de México. Ahí podrá conocer parte de la escena artística desde todos los ángulos, pues el recinto está abierto a artistas, curadores, escritores, editores y agentes culturales, brindando la oportunidad de insertarse en el panorama creativo de la ciudad.

POR LILIA SOREN

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