Un mensaje de la historia

En términos reales, las relaciones con EU son hoy centrales para México económica, social y políticamente

José Carreño / Desde afuera   / Heraldo de México
José Carreño / Desde afuera / Heraldo de México

El mensaje es ineludible. Cuando el canciller Marcelo Ebrard presentó la semana pasada una conferencia del historiador Peter Guardino, autor del libro La Marcha Fúnebre, bien podría haber sido un aviso a muchos en el gobierno mexicano sobre el mensaje implícito.

El libro es un nuevo relato de la guerra entre Estados Unidos y México, en 1846-48, a partir de las historias y situaciones de los soldados que lucharon en ella, estadounidenses o mexicanos.

Guardino subraya que la victoria estadounidense estaba asegurada no porque sus soldados fueran más valientes o patriotas que los mexicanos, sino por sus mayores recursos económicos, incluso entrenamiento y armas.

Pero es, en cierta forma, también una advertencia en torno a la situación actual.

La guerra de 1848, que terminó con la pérdida de una gran parte de lo que había sido territorio mexicano, fue ciertamente resultado de las pugnas internas de un país cuyos mejores instintos eran –y son– de igualdad, civilización y democracia, pero integraba –y tiene aún– también sentimientos racistas, de expansionismo y de imposición.

Ese debate no ha cambiado. El mismo debate/sentimiento racista que dividió a EEUU en los prolegómenos de la guerra fácil buscada por James Polk y sus aliados del sur estadounidense, continúa ahora bajo otros parámetros bajo la Presidencia de Donad Trump y sus coaligados en la extrema derecha estadounidense.

Según Howard Fineman, la cuestión racial –¿quién es un ser humano? ¿Quién puede ser estadounidense?– es uno de los temas sin resolverse en la discusión política de su país y, de acuerdo con Guardino, uno que resurgió públicamente al abrigo de la retórica de Trump.

Robert Kagan, otro historiador estadounidense, asegura que EEUU ha sido siempre una nación peligrosa por sus impulsos expansionistas en lo comercial, lo territorial y lo ideológico –tan ignorado como sea ahora por Trump.

El hecho en todo caso es que los propios historiadores estadounidenses consideran que se debe actuar con cuidado frente a Estados Unidos y el mensaje de Guardino es en buena medida una advertencia: no es posible enfrentar directamente a un país que tiene tantos recursos económicos –para no mencionar los militares– y menos uno con el que se tiene una relación comercial tan importante.

El punto aparente es que el gobierno mexicano debe proceder con cautela.

No tiene que gustar, y menos a los ilusos que todavía creen en el foquismo guerrillero y la Patria Grande de los poetas. Pero es una realidad y eso podría ser lo que llevó a Ebrard a poner énfasis en el libro de Guardino, publicado en 2017.

En términos reales, las relaciones con EEUU son hoy centrales para México económica, social y políticamente y su actual división sólo alimenta sentimientos de agresividad hacia el exterior.

Y México es uno de los países cultural y racialmente diferentes más cercanos.

POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS

[email protected] 

@CARRENOJOSE

edp

¿Te gustó este contenido?