Un futuro apantallante

Pese a lo que se dice, yo creo que la televisión definitivamente tiene futuro, así como lo ha tenido la literatura, el radio o el cine

Un futuro apantallante

En mi nuevo libro El OrbiX, he tenido la oportunidad de escribir algunas ideas en las que intento visualizar lo que pienso al respecto, y este año que apenas inicia quisiera compartirla con ustedes en este artículo que profundiza un poco más en el tema.

Comenzaré por decirles que la evolución de la televisión, como la conocemos, no sólo se refiere a nuevos métodos para consumir contenidos, como el streaming, sino a la forma física de los televisores y las diferentes aplicaciones que podrán tener las pantallas.

Gracias al avance en el desarrollo de tecnologías OLED, los fabricantes de pantallas han logrado que éstas tengan la luminosidad suficiente en sí mismas como para que puedan tener diferentes formas sin perder claridad y así puedan ocuparse en diferentes cosas, desde aparadores hasta pantallas enrollables.

Creo también que contra lo que se podría pensar, las pantallas, ya sean cinematográficas o televisivas seguirán convocando a las audiencias masivas, ya que una de las cualidades del cine, como forma de entretenimiento, se sustenta en el hecho de que permite la reunión familiar o social, algo que será muy necesario y apreciado en el futuro.

En mi libro se describe un tipo de proyección cinematográfica en un espacio esférico en donde la experiencia se podrá disfrutar gracias a un sistema de cámaras de 360 grados, y su correspondiente proyección en una instalación especial Omnicam, ofreciendo imágenes que rodean completamente al espectador, ya sea en la TV en escala familiar, personal o a gran escala en la sala de cine.

La experiencia inmersiva será una de las tendencias del cine y la TV como industrias, y ahora las películas y los productos televisivos incluirán una experiencia total en donde los cinco sentidos estén interactuando.

El estándar de las duraciones de las películas de 90 a 120 minutos y de las series desaparecerá y cada producto de entretenimiento durará lo que su historia precise. También caerán los tiempos de las ventanas de distribución y sólo habrá dos tipos de distinciones, independientemente del formato: películas que se ven en casa, y películas que se ven en público.

En el futuro viviremos prácticamente una explosión de películas y productos televisivos de autor y mayores propuestas de garage que diversificarán la oferta, como sucedió con los filmes hechos por amateurs en los años 90 que cambiaron el esquema hacia temáticas ya no tan espectaculares, sino intimistas.

El espectador decidirá qué películas, series o contenidos quiere que se hagan y cuales no antes de que empiecen a producirse: los fans se conectarán y crearán sus propias ficciones, ya sean historias originales o una comedia romántica en el universo de Stars Wars.

La tendencia prevé un futuro en el que los ordenadores crearán la ficción en sus múltiples formatos y el cambio más importante vendrá en qué o quién escribe la historia.

Imaginemos que, en lugar de escribir, grabar o filmar la historia, modelamos la situación en un ordenador. Este modelo es como el ADN de la narración que puede ser renderizado en diferentes formas.

En el futuro cuando hagas la elección de la película o el formato que quieras disfrutar, automáticamente la historia cobrará forma en el medio elegido, con el mejor conjunto de directores geniales, actores maravillosos y un montaje excelente, pero sin personas en el proceso, sino sólo gracias a la mágica tecnología de los ordenadores.

El cine se proyectará como una experiencia onírica. En el futuro las exhibidoras de cine, las productoras de TV se aliarán con grandes cadenas hoteleras para ofrecer retiros compulsivos en los que el espectador pueda disfrutar durante horas de sus películas y series preferidas en las mejores condiciones y con la mayor comodidad, incluso con una aplicación neuronal que te permita soñar un tema de película predeterminado.

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