Un ejército de desertores escolares frente al TLCAN

Hace falta echar un vistazo a más de la mitad de los mexicanos que encarará en próximas décadas el comercio transnacional con bajo nivel de preparación por deserción escolar

A unos días de que inicien las renegociaciones del Tratado de Libre Comercio con América del Norte (TLCAN) hace falta echar un vistazo a más de la mitad de los mexicanos que encararán en las próximas décadas el comercio transnacional con un bajo nivel de preparación, debido a la deserción escolar principalmente en los años de secundaria.

La realidad es que seis de cada 10 mexicanos entre 15 y 24 años no asisten a la escuela. Una tercera parte por razones económicas; otro tanto por familiares y el resto por problemas de acceso geográfico o institucionales, según ha dado cuenta el Instituto Nacional de Evaluación Educativa. El gobierno mexicano ha ideado programas para retener a los estudiantes con poco éxito, debido a ciertas limitantes como el hecho de que sólo el 25% de las escuelas públicas son de tiempo completo, mientras el resto sólo da clases por cuatro horas y media ,amén de que no cuenta con ningún paralelo de corresponsabilidad para los alumnos y los padres, como sí lo tiene su principal socio comercial.

En Estados Unidos los distritos escolares calculan que en promedio pierden 150 dólares por cada día que falte un niño, de acuerdo con la vigilancia que hace el Estado para otorgar los recursos a cada escuela. Así que si un jovencito se ausenta sin justificación alguna o se va de pinta (truency) la familia tiene dos opciones: o paga una multa en dinero o el muchacho se pone a trabajar horas en servicio a la comunidad.

El trabajo comunitario es algo serio. Generalmente los chicos tienen que levantarse temprano desde las 6:00 a.m. y atender labores de limpieza pública: quitar basura de calles, carreteras, parques, purificar baños, pintar aquí y allá, y si llegan a faltar acumulan nuevos tickets o tiempo comunitario, además de terapias con trabajadores sociales.

En los casos más extremos, cuando escuelas, autoridades judiciales (cortes) y psicólogos determinan que los problemas derivan de una falta de atención de los padres, los menores son enviados al sistema de Foster Care (hogares sustitutos) a los que el Estado paga para que hagan la labor que no hicieron los padres.

Pero en México un sistema similar de responsabilidad compartida sería en muchos casos injusto, debido al rezago de políticas sociales que van más allá de la educación que van de los salarios a la igualdad de condiciones.

Pasando por el mundo laboral, exigir a las empresas el respeto a las jornadas de ocho horas corridas para que los padres atiendan a los niños (irónicamente la burocracia llega a trabajar hasta 12 horas sin pago de horas extra); la creación de infraestructura pública al alcance de toda la población donde los jóvenes pudieran ocuparse en actividades artísticas o deportivas que hoy se pagan a altos precios.

Luego se podría hablar de un sistema de tutores que auxilien a padres que trabajen y exigirles cuentas. De lo contrario el lado sur seguirá siendo, dentro de 20 años o más, la gran masa de mano de obra poco calificada, como ha sido hasta ahora.

 

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