Un controversial despido político

El despido de Comey "es un grotesco abuso de poder", señaló Jeffrey Toobin, comentarista legal de la cadena de noticias CNN

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En una decisión presuntamente motivada por la necesidad de restaurar la credibilidad de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI), el presidente Donald Trump despidió a James Comey, el controvertido director de ese organismo policial.

Algunos compararon la decisión con la llamada masacre del sábado en la noche en el legendario escándalo de Watergate, aunque hay mucho tiempo, distancia y circunstancias que difieren.

Es un grotesco abuso de poder, señaló Jeffrey Toobin, comentarista legal de la cadena CNN.

Para Toobin, el punto es que Comey fue despedido cuando estaba al frente de un organismo que investigaba posibles delitos por la campaña del presidente de EU.

Un punto similar fue levantado por Tom Perez, presidente del Comité Nacional Demócrata, para quien el despido de Comey, por recomendación del procurador General Jeff Sessions, es mayor evidencia de que no se puede confiar en nadie en esta Administración para encabezar una honesta investigación en un serio tema de seguridad nacional.

Lo cierto, sin embargo, es que Comey vivió un tumultuoso último año, marcado por las controversias en torno a las investigaciones del FBI sobre los correos electrónicos de Hillary Rodham Clinton y su presunta peligrosidad para Estados Unidos, y la indagación sobre los vínculos entre miembros de la campaña electoral de Trump con funcionarios rusos.

De hecho David Axelrod, que fue asesor del presidente Bill Clinton, aseguró que el despido fue un martillazo contra nuestra democracia y que nadie puede estar seguro ya de la integridad de las investigaciones del FBI.

Eso lo dejó como un huérfano político. Por un lado, los demócratas lo veían con desconfianza por haber revelado las presuntas irregularidades en los correos electrónicos de la candidata presidencial demócrata, pero los republicanos no confían en él por haber revelado que se indaga sobre posibles problemas en la campaña presidencial de Trump y la cercanía de algunos ayudantes al gobierno ruso.

Pero el comparativo destaca el impacto de un despido inusual: la masacre del sábado por la noche ocurrió el 20 de octubre de 1973, cuando el entonces presidente Richard Nixon despidió al Fiscal especial Archibald Cox, que investigaba el caso de espionaje hoy conocido como Watergate, y provocó las renuncias del procurador General Elliot Ruchardson y su segundo, William Ruckelshaus.

Ocho meses después, Nixon se veía obligado a dimitir antes que ser desconocido por el Congreso.

El único otro presidente que se dio ese lujo fue Bill Clinton, que en 1993 presionó por la salida del entonces director del FBI, William Sessions, y al encontrar resistencia, decidió despedirlo directamente.

Pero nadie está seguro, bien a bien, de las razones que llevaron al actual despido de Comey mas allá que la convicción del procurador Sessions sobre la necesidad de un nuevo inicio para el FBI.

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