Un Consejo muy estéril

Los cinco países con poder de veto tienen al Consejo de Seguridad de la ONU en un grave estado de coma

Israel López / Orbitando / El Heraldo de México
Israel López / Orbitando / El Heraldo de México

Siempre que hay una crisis en el mundo, los países potencia recurren al Consejo de Seguridad de la ONU. Pero ahí casi nunca hay consensos entre sus cinco integrantes permanentes, por lo que no prosperan las sanciones, o al menos no las de alta envergadura.

La principal responsabilidad de este organismo de Naciones Unidas es mantener la paz y la seguridad internacional. Está integrado por 15 países, cinco son miembros permanentes con poder de veto y 10 rotatorios sin ese poder.

China, Francia, Rusia, Reino Unido y Estados Unidos tienen a este Consejo en un grave estado de coma. Si usted observa quiénes son y qué intereses tiene cada uno, entonces entenderá por qué muchas resoluciones se quedan en el limbo de las propuestas.

El más reciente ejemplo fue que Estados Unidos llevó ante el Consejo el proyecto de resolución que llamaba a la celebración de elecciones en Venezuela y reconocía a Juan Guaidó como presidente interino; una segunda propuesta promovida por Rusia, abogaba por el diálogo entre el gobierno de Nicolás Maduro y la oposición mediante el Mecanismo de Montevideo.

Ambas fracasaron, ¿por qué? Sencillo, sólo se necesita que uno de esos cinco miembros permanentes vete alguna de las propuestas para que no procedan. China y Rusia apoyan un diálogo con el régimen de Maduro. Estados Unidos, por su parte, impulsa una transición de poder encabezada por Guaidó. En consecuencia no hay solución, mientras el país sudamericano se cae a pedazos.

En el caso de Siria el asunto no es muy diferente. Moscú apoya al régimen de Bashar al-Assad y Washington a los grupos rebeldes opositores que exigen su renuncia. Al final, los afectados, como siempre, son los civiles, víctimas de ataques químicos, y de los enfrentamientos que han cobrado más de 511 mil vidas en siete años de guerra.

Un caso más que vale la pena citar es el de Corea del Norte. Aunque hay 11 sanciones económicas por parte de Estados Unidos –buscando una desnuclearización del país asiático– no hay una resolución en el Consejo contra Kim Jong-Un, porque China es su principal socio y aliado comercial.

No hay que pasar por alto que, en 2017, Norcorea realizó seis pruebas con misiles nucleares, una de ellas con potencial alcance a objetivos estadounidenses, y que cada una representa una alerta para la estabilidad de Asia.

Hay un negrito más en el arroz, Trump tiene una postura en contra de sus socios occidentales –Francia y Gran Bretaña– respecto a la inversión que deben inyectar a la OTAN para la seguridad militar. Esta crisis entre aliados, guste o no, da más fuerza a Rusia y China, pero polariza aún mas al Consejo.

El asunto es que ese organismo de la ONU, a sus 73 años, se ha convertido sólo en un ring de sombra, que lo único que demuestra es cómo el mundo vive una nueva versión de Guerra Fría, prácticamente con los mismos actores, quienes lo han convertido en un elefante blanco.

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