Un calabozo de mujeres en calles de Puebla

La mafia que la explotaba sexualmente la llevó hasta la puerta de su asesino que era cliente de Zona Divas

Rosi Orozco / Colaboradora / El Heraldo de México
Rosi Orozco / Colaboradora / El Heraldo de México

La última vez que Génesis Gibson, de 24 años, fue vista con vida, ella caminaba por los pasillos del motel Punta Palmas en la capital de Puebla. Era el 16 de noviembre de 2017 y las cámaras de vigilancia captaron cómo su existencia se había reducido a una dolorosa rutina: vivir encerrada en ese inmueble y transitar de una habitación a otra, innumerables veces en un día, para encontrarse con hombres que habían pagado por ella en una transacción por internet.

Génesis no podía escapar de ese hábito impuesto a golpes.

Quienes la habían llevado hasta allá, desde su natal Venezuela, le habían quitado sus documentos migratorios y amenazado con hacer daño a su familia, si no cubría una cuota de servicios sexuales que saldaría la deuda que adquirió al venir a México en busca de un trabajo falso.

Siete días después de aquel 16 de noviembre, Génesis fue asesinada adentro de un hotel en la Ciudad de México.

La mafia que la explotaba sexualmente la llevó hasta la puerta de su asesino, Daniel Uribe, quien antes habría matado a otra víctima de trata, Wendy Vaneska, también venezolana.

El hombre era cliente asiduo de la mafia de Zona Divas.

Karen, una sobreviviente de Zona Divas, que también fue traída con engaños a México desde Venezuela y obligada a posar para el catálogo virtual de la página ahora eliminada, me confirmó en una entrevista que Zona Divas había convertido al motel Punta Palmas en un centro de operaciones en Puebla.

Una casa de seguridad con fachada de lugar de descanso.

Había mujeres recluidas y se disponía de ellas como servicio a la habitación, en una venta orquestada en la que estaban involucrados desde los dueños hasta las recepcionistas.

Ella lo sabe porque ese motel fue su calabozo. Zona Divas la encerró ahí y le inventó una deuda de 96 mil pesos por el boleto de avión que le pagaron para que trabajara como supuesta asistente de empresarios.

Era tal el sufrimiento en ese lugar que muchas mujeres, con tal de pagar rápido su libertad, aceptaban tener relaciones sexuales con los clientes sin condón por un pago extra.

Varias, contó Karen, fueron contagiadas de VIH. Las afortunadas, como ella, lograron huir.

El Punta Palmas es un ejemplo del poder que tuvo Ignacio N., El Soni, dueño de Zona Divas, arrestado el mes pasado por trata de personas. Hoy, el motel-calabozo sigue abierto y comparte muro con el Ministerio Público, delegación Norte de la Fiscalía General de Puebla. Los criminales eran vecinos de las autoridades.

Por Karen, por Génesis, por las chicas que hoy están en tratamiento contra el VIH, por el negocio de sangre de Zona Divas, es crucial que El Soni tenga un castigo ejemplar. Si el motel Punta Palmas se convirtió en emblema de su mafia de horror, las autoridades deben estar a la altura del juicio más importante del país contra la trata de personas y verse a sí mismos en el nombre de la calle donde está aquel calabozo: la avenida Defensores de la República.

 

Por ROSI OROZCO

COLABORADORA

@ROSIOROZCO

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