Un año de AMLO

No existe hombre que conozca mejor al país y a su gente que el propio Presidente, por eso, en ocasiones, luce indestructible

Editorial _ El Heraldo
Héctor Serrano Azamar / Colaborador Editorial / El Heraldo de México

En un abrir y cerrar de ojos ya pasó un año desde que Andrés Manuel López Obrador tomó protesta como presidente. En aquel entonces, la gran mayoría de los mexicanos gozaban de un júbilo renovado, estaban frente a la concreción del primer triunfo de un proyecto de izquierda en la historia de México, logro que no fue fácil, costó vidas, esfuerzo y tiempo, la victoria hubiese sido impensable sin la perseverancia y conducción de López Obrador, quien ha dedicado los últimos 14 años de su vida a recorrer el país, primero como candidato y ahora como presidente.

No existe hombre que conozca mejor al país y a su gente que el propio Presidente; por eso, en ocasiones, luce indestructible. Nadie como él se ha granjeado con el pueblo, conoce sus sentimientos, sus rencores, sus fobias y lo más importante, sus añoranzas y deseos, por eso sabe cómo hablarle, qué decirle y en qué momento. Uno de los grandes retos de su gobierno consiste en ello, en seguir escuchando a la gente, incluso a los adversarios, ahora gobierna para todos, y más aún, los deseos de la mayoría pueden cambiar en algún momento.

El Presidente ha sabido sortear obstáculos, aún goza de altos niveles de popularidad, aunque no tan altos como hace un año, el costo de gobernar México parece ineludible para cualquiera. Los problemas son añejos, complejos y muy diversos, situación que cada vez aprovechan más y mejor los adversarios del Presidente para marcar distancia, señalarle e incluso recriminarle, ni modo, juegan su papel.

Entre las muchas cosas por resolver, la inseguridad sigue siendo el principal flagelo de la nación y el mayor reto del nuevo gobierno. Los ciudadanos simplemente quieren vivir en paz, ningún discurso, por hondo y emotivo que sea, podrá cambiar la realidad si no es acompañado de acciones coordinadas que demuestren su eficacia, aún hay tiempo suficiente para dar buenos resultados y demostrar que sí se pueden cambiar las cosas, pero el plazo que pidió no es eterno y si no cumple con su promesa y obligación de acabar con la inseguridad, la gente puede decepcionarse.

Nadie con amor por México puede apostarle a que le vaya mal al Presidente, se puede o no coincidir con él, pero si hace un buen trabajo, nos irá bien a todos, la oposición debería encontrar la brújula para ser detractores del poder y no de su figura.

La crítica al Presidente, cuando sea mesurada y con respeto, no debe ser vista con recelo, es parte necesaria de cualquier democracia, es constitutiva de la pluralidad, cualquier posición contraria, constituye fanatismo, la droga más destructiva de los pueblos. Que le vaya bien al Presidente, que nos vaya bien a todos; en un año, lo estaremos comentando.

POR HÉCTOR SERRANO AZAMAR
COLABORADOR
@HSERRANOAZAMAR



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