Ultimátum: 23 de febrero

El que los venezolanos cuenten con alimentos y medicinas no debe estar a negociación

Vanessa_Rubio
Vanessa Rubio / Heraldo de México

Hay demasiado en juego en Venezuela. La situación se ha complejizado de manera acelerada y existen distintos tableros con numerosos actores e intereses.

El genuino, el legítimo: restablecer el orden constitucional, la democracia y las libertades.

El urgente, el humanitario: que la población tenga el acceso a alimentos y medicinas que, deliberadamente y utilizado a manera de presión política, le ha negado el régimen.

El presidente de la Asamblea y reconocido como presidente interino por aproximadamente 25 por ciento de los países del orbe —cerca de 50—, Juan Guaidó, dio un ultimátum al régimen para el ingreso de ayuda humanitaria. Ese plazo vence el próximo 23 de febrero. Existe un amplio despliegue de logística internacional que involucra a países, organismos y sociedad civil para movilizar los cargamentos.

La oposición, junto con organizaciones no gubernamentales y la Iglesia en Venezuela, preparan un esquema de recepción y canalización de alimentos y medicamentos para este sábado. Han acordado no llevar banderas políticas quizá para no provocar, para no politizar un hecho humanitario, o para mandar una señal de unidad; quizá todo ello.

No obstante, el ingreso de la ayuda y sobre todo su efectiva canalización, no depende de la generosidad de los donantes ni de la organización de los voluntarios en tierra, descansa en las acciones que tomen el ejército y los distintos entes paramilitares y policiacos del régimen.

¿Los militares se humanizarán con su pueblo y harán cumplir la Constitución y los tratados internacionales?

¿O mantendrán lealtad con Maduro y acudirán incluso al uso de la fuerza contra su propia gente?

Eso está por verse esta misma semana.

La presión internacional se debe exacerbar y mantener unida.

El que los venezolanos cuenten con alimentos y medicinas no debe estar a negociación.

En Venezuela se juegan la vida niños, mujeres y hombres, a quienes les ha sido arrebatado el disfrute de sus derechos humanos más elementales, a quienes les ha sido robada su libertad.

Pero en Venezuela también se juega, entre muchos otros: la paz y la seguridad regionales; intereses económicos y políticos dentro y fuera del hemisferio; la situación de los migrantes forzosos que supera los 2 millones de personas; un precedente internacional que dejará marcado al continente por siempre; la vigencia del derecho internacional; la pertinencia de ciertos organismos internacionales; se juega, de manera directa e indirecta, el futuro de decenas de millones de personas.

Del 23 de febrero puede depender un viraje sin retorno. Todos esperamos que sea un viraje que cambie el estado de cosas y pueda dar pie a una transición democrática y pacífica en Venezuela.

Pero ello, desafortunadamente, no está asegurado.

 

@vrubiomarquez

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