Twitter: el ave sigue sin cantar


El 7 de noviembre de 2013, 70 millones de acciones, a un precio de 26 dólares cada una, marcaron la salida a la bolsa de Twitter, la red social con sede en San Francisco, California, que en ese momento contaba con 241 millones de usuarios. Con ánimo casi revanchista, la compañía fundada por Jack Dorsey, Evan Williams, Biz Stone y Noah Glass, eligió para cotizar a la bolsa de valores de Nueva York (NYSE) en lugar del Índice NASDAQ, donde habita Facebook, su rival natural.

A las 16:00 horas de ese día, las acciones de Twitter habían alcanzado el precio de 44.90 por unidad, otorgándole a la compañía un valor de 31,000 millones de dólares. Pero no fue ese el día más feliz.  El día más feliz llegaría casi un par meses más tarde, con precisión el 3 de enero de 2014, fecha en que las acciones de Twitter alcanzaron su máximo histórico: 69.00 dólares.

A partir de entonces, las acciones de Twitter han caído en picada cual si fueran un ave moribunda, sin que ninguna de las muchas medidas y estrategias implementadas para detener su caída hayan funcionado realmente.

¿Vine? ¿Periscope? Sí, ambas aplicaciones muy bonitas, ambas adquiridas por Twitter y ambas tuvieron su momento de gloria. En México diríamos que en el caso de la segunda en manos de Arne Aus den Ruthen y de Xóchitl Gálvez.

¿Y Twitter Moments? ¿De verdad hay alguien que haga uso o lea las colecciones de tweets que cursi y deprimentemente se llaman Moments?

Luego de presentar su informe del primer trimestre de 2017 –en el que las buenas noticias son que Twitter sólo perdió 61.5 millones de dólares en comparación a los 79.7 del año anterior–, la última idea para hacer volar al ave fue establecer una alianza con Bloomberg L.P. para crear un canal de noticias que transmitirá en línea las 24 horas. La estrategia, al parecer, ha funcionado.

Desde el 7 de abril pasado, las acciones de Twitter iniciaron un repunte que se consolidó esta semana tras el anuncio de su alianza con la compañía fundada en 1981 por Michael Bloomberg, llevando sus papeles hasta los 18.57, pero todavía muy lejos de los 26 dólares de su precio original, y mucho más de aquella cima de los 44.90 que hoy luce como si fuera el Everest para un alpinista novato.

Si bien universalmente aceptado y dotado de un glamour extraño al grado de volverse inseparable de dignatarios y celebridades, es posible que estemos delante de un producto exitoso si sólo nos referimos a él como una red social, pero que ha resultado disfuncional en tanto modelo de negocio. Los 328 millones de usuarios en todo el mundo de Twitter parecen muchos, pero palidecen frente a los 1,968 millones de Facebook, los 1,200 millones de WhatsApp o los 600 millones de Instagram, por mencionar sólo unos ejemplos.

Dorsey, Williams, Stone y Glass tienen trabajo por delante. Y mucho.
Tienen que hacer que el ave deje de trinar. Y que, finalmente, comience a cantar.

 

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