Turbulencia en el despegue

México pasa por un despegue complejo, sumado a una crisis con el Estado de Derecho y la inseguridad

Javier García Bejos / El Heraldo de México
Javier García Bejos / El Heraldo de México

En la aeronáutica se dice que el momento crucial de las operaciones aéreas es despegar, ya que los cálculos sobre el peso, combustible, clima y demás variables deben ser compatibles para vencer la gravedad y elevarse. Los pasajeros sienten de inmediato un mal despegue; tiembla la aeronave y el fuselaje se cimbra ante el esfuerzo. Ahora bien, si el despegue enfrenta un clima enrarecido con turbulencia, la inquietud es mayor. Así, los gobiernos enfrentan sus despegues de este modo: el arranque de la administración exige tener cálculos perfectos y, sobre todo, un plan de vuelo que evite sobresaltos y riesgos innecesarios.

La economía gusta de planes con rutas y alternativas, sobre todo sin incertidumbre, por eso los despegues son cruciales. La estrategia inicial determina los objetivos por cumplir y de ellos se desprenden las expectativas y pronósticos; es decir, lo que podemos esperar durante y al final del viaje. Los pasajeros pueden creer en el capitán cuando afirma que la turbulencia pasará y el vuelo será placentero y repite mil veces que todo estará bien. No obstante, si la turbulencia no cede y aflige a los pasajeros, las cosas no saldrán como fueron planeadas.

México está pasando por un despegue complejo, sumado a una crisis con el Estado de Derecho y la seguridad pública. Frente a ello, el gobierno tiene una estrategia construida a través de una narrativa, no de un plan de gobierno. En particular, nuestra economía espera señales claras porque dejará de creer en el discurso y se gestará un desgaste natural. Hace 30 años aprendimos, mediante desplomes que empobrecen a todos, que con la economía no se juega, que se pone en marcha con hechos y que definitivamente no se lleva bien con la demagogia. Es preferible mantener nuestra inercia, basados en evidencia, que frenar de golpe lo que hemos avanzado y perder el ciclo de inversiones, empleo y consumo, mismo que genera bienestar.

Las señales son poderosas si se acompañan de acciones, y éstas son eficaces si son parte de una estrategia. Si ésta es la llamada Cuarta Transformación, debe contemplar que la turbulencia puede corregirse; todos queremos vivir en un país más próspero, justo y seguro, pero hay que ajustar la ruta. No podemos dejar que la polarización de visiones empañe el rumbo. No se puede sortear la complejidad culpando a la tripulación de vuelos anteriores. No podemos avanzar si vemos al pasado como una referencia.

La oportunidad que tiene este vuelo es que la mayoría de los pasajeros creen en el capitán. Sería deseable que aliente con hechos a los que lo arropan, que convenza a los que tienen miedo de acompañarlo y que la aerolínea llamada México llegue a más destinos. Debe ser ejemplo, abrir los brazos, mirar hacia afuera y hacer del futuro una posibilidad. Con ello no habrá más turbulencia, el cielo se habrá aclarado y el vuelo podrá ser exitoso. Si no es así… abróchense sus cinturones.

JAVIER GARCÍA BEJOS

COLABORADOR

@JGARCIABEJOS

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