Trump y los musulmanes: un intento de reinicio

En el inicio de su primera gira al exterior como presidente, Trump llamó a una lucha común contra el extremismo, con jefes de gobierno musulmanes


El viaje del presidente Donald Trump parece el inicio de un viraje político hacia posiciones internacionales más tradicionales en la diplomacia estadounidense, y tal vez un alivio político doméstico.

En el inicio de su primer gira al exterior como presidente, Trump hizo un llamado para una lucha común contra el extremismo, simbolizado específicamente por el Estado Islámico, al reunirse con jefes de Estado y de gobierno de 55 países musulmanes, en Riad, la capital de Arabia Saudita.

De acuerdo con la emisora estatal británica BBC, su discurso fue un intento de reiniciar relaciones con los musulmanes, luego de las inquietudes despertadas por su retórica de campaña, cuando indicó la posibilidad de crear una base de datos de todos los musulmanes en los Estados Unidos y propuso prohibir temporalmente la entrada de musulmanes a Estados Unidos.

Pero el domingo, en Riad, Trump cambió el tono y llamó a un nuevo capítulo. Afirmó que no estaba allí para darles una conferencia o imponer el estilo de vida estadounidense.

Trump, sin embargo, no cambió de tono respecto a Irán y de hecho hablaba con aliados para quienes sus problemas con Estados Unidos son menores ante la importancia de contener a un rival político, económico, ideológico y religioso: Irán.

Y para Estados Unidos, desde 1979 Irán está en el centro de gran parte de la inestabilidad en Oriente Medio.

Irán no sólo es una potencia disruptora en Oriente Medio, sino que compite con Arabia Saudita por el liderazgo islámico aunque los sauditas no sólo albergan a los principales santuarios islámicos, sino son el más rico país sunita del mundo, en oposición a Irán, apóstol de los chiitas.

El choque entre esas dos interpretaciones divergentes ha sido parte por siglos en las dificultades entre grupos islámicos, con la misma intensidad que en su momento tuvieron los conflictos entre cristianos.

Si al tema religioso se añaden intereses geopolíticos, se crea una mezcla explosiva. Es en ese terreno donde entra el gobierno Trump, con su evidente desconfianza hacia los iraníes, que encaja perfectamente con las preocupaciones de los países de mayoría sunita.

De acuerdo con Stratfor, una empresa estadounidense de análisis de riesgos, la Casa Blanca ha expresado preocupaciones acerca de las milicias chiitas financiadas por Iran en Irak, los militantes en Yemen y Bahrain equipos con armas iraníes, combatientes apoyados por Iran que combaten contra aliados estadounidenses en Siria, y grupos palestinos ligados a Irán en Gaza que amenazan atacar Israel.

Es en esa forma que Trump busca reiniciar las relaciones con los musulmanes, simbolizadas además en un acuerdo de venta de armas a Saudiarabia valorado en 350 mil millones de dólares, que le ayuda a mejorar su imagen dentro de Estados Unidos.

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