Trump y las agendas propias

Las expresiones del mandatario parecen haber motivado al activismo de algunos funcionarios con agenda propia

Trump y las agendas propias

Para Robert Lighthizer, el arte de la persuasión es saber dónde está el punto de presión.

Esa frase, en su pasado como especialista en temas comerciales, sería un punto menor si no fuera porque Lighthizer es el representante estadounidense para Comercio Internacional (USTR), trabaja para un Presidente que cree en la negociación desde posiciones de fuerza, y es el encargado de renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) con México y Canadá.

Y es importante porque al margen de la posición que tenga el presidente Donald Trump sobre el acuerdo, al que califica como el peor de la historia, el propio Lighthizer tiene una agenda nacionalista propia que opera en concordancia y al abrigo de la que propuso el propio mandatario.

No es el único caso de un funcionario que desarrolla y adelanta sus propias ideas bajo esa cobertura. Sería difícil entender la actual política migratoria estadounidense sin recordar las posiciones adoptadas antes por el ahora procurador General, Jeff Sessions, que de tan conservadoras, fácilmente podrían ser calificadas como xenofóbicas.

Sessions y Lighthizer son ejemplos visibles, pero no únicos, de lo que pasa en el gobierno Trump, aunque es justo puntualizar que tal vez sea ahora más visible que lo normal, debido al caótico carácter de la administración ahora en el poder.

Pero en el muy descentralizado gobierno estadounidense, otras agencias con agendas propias han sido en su momento las que complican su toma de decisiones y enredan las relaciones de su país con el mundo.

Algunos pueden sentirse empoderados para hacer mejor lo que ellos creen que deban hacer, al abrigo de lo que les ordenan sus jefes, como Thomas Homan, director en funciones de la policía de Inmigración y Aduanas (ICE).

En marzo de 1985, en la cauda de la crisis creada por el secuestro, tortura y asesinato en Guadalajara del agente antinarcóticos estadounidense  Enrique Kiki Camarena, el entonces Comisionado de Aduanas William von Raab, ordenó un literal cierre de los puntos de cruce en la frontera común como protesta por la lentitud con que las autoridades mexicanas buscaban a los responsables del crimen.

La acción de Von Raab, un protegido del entonces senador Jesse Helms, provocó la parálisis del comercio fronterizo y las predecibles protestas de comerciantes en ambos países, al grado que el entonces secretario del Tesoro, James Baker, convocó a su subordinado para exigirle que le informara la próxima vez que le declare la guerra a otro país.

Por años los gobiernos de los dos países adoptaron la estrategia de aislar incidentes, para evitar que un problema en un sector afectara el conjunto de la relación bilateral.

Pero esa agenda se complica con el gobierno de Trump, donde las expresiones del mandatario parecen haber motivado al activismo de algunos funcionarios con agenda propia.

 

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