Trump y Jerusalén

La reubicación de la embajada puede tomar años. Esto ha planteado dudas sobre si la decisión podría revertirse si Trump fracasa en ganar un segundo mandato

Trump y Jerusalén

Trump anunció que su país reconocerá a Jerusalén como capital de Israel y ordenará el traslado de la embajada de Tel Aviv a esa ciudad. El movimiento polémico hará a EU el primer país en tener su embajada en Jerusalén –actualmente, las misiones diplomáticas están en Tel Aviv (86 países)-. También revertirá décadas de consenso internacional, incendiará a una región de por sí convulsa, y anulará futuras negociaciones sobre el conflicto árabe-israelí.

Ningún gobierno estadounidense ha reconocido la jurisdicción de Israel sobre Jerusalén. Pero aquí viene Trump, ajeno a los precedentes y con su estilo incendiario que su base, incluidos cristianos evangélicos halcones en Israel, parece aplaudir. Trasladar la embajada de EU a Jerusalén y reconocerla como capital de Israel fue una promesa de campaña. La medida tiene apoyo de legisladores estadounidenses. La Ley de la Embajada de Jerusalén, aprobada en 1995 y ratificada por el Senado hace seis meses, exige el traslado. Los predecesores de Trump, sin embargo, han invocado repetidamente una exención cada seis meses, citando preocupaciones de seguridad. En junio, Trump retrasó la reubicación, mientras instruía a su yerno, Jared Kushner, para reiniciar conversaciones de paz. Esta semana, el plazo de seis meses transcurrió sin que Trump renovara la exención. Además del estilo de Trump, consideraciones de política interna, como el poder sector del lobby proisraelí o la influencia del vicepresidente Mike Pence, tienen enorme peso.

La reubicación de la embajada puede tomar años. Esto ha planteado dudas sobre si la decisión podría revertirse si fracasa en ganar un segundo mandato en 2020. Quizás esta locura del impermeable Presidente sea más simbólica que concreta. Pero eso es olvidar que en ciertos escenarios los símbolos importan y mucho. Como sostiene la mayoría de los defensores de una solución de dos Estados, si la única forma de resolver el problema de Jerusalén es que sirva como capital de ambos Estados, la parte oriental, de Palestina; la occidental de Israel; sólo entonces será adecuado mover embajadas y dar declaraciones de reconocimiento. Hasta ese día, cualquier acto es imprudente e incendiario.

La Unión Europea ha declarado su rechazo, lo mismo que la Liga Árabe y la Organización de Estados Islámicos. Turquía ha amenazado con romper relaciones con Israel. Ningún otro país seguirá a Washington, aunque hay quienes lo apoyan, como Arabia Saudí, según un reporte de The New York Times del domingo, que Washington y Riad desmienten.

Las protestas estallaron en la Franja de Gaza. Los líderes palestinos llamaron a tres días de movilización. Los campos de refugiados en Líbano se manifiestan. Los palestinos de Jerusalén, indignados y listos a movilizarse, no se sorprenden. No es la primera vez, dicen, que los más fuertes deciden sobre su futuro y que Washington favorece política y financieramente la expropiación israelí de tierras árabes y palestinas; tampoco es novedad que los países árabes los decepcionen, ni que la autoridad Palestina tenga las manos atadas por las concesiones que ha hecho a Israel desde los 90, sin recibir nada a cambio. Desde hace años que los palestinos sólo pueden confiar en ellos mismos, en su resistencia, unidad y memoria.

 

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