Trump y “el cura metiche”

Poco nuevo surgió de la audiencia de Comey, aunque la reiteración de hechos permite apuntar a dos o tres años de irritaciones para Trump


El ex-director de la Oficina Federal de Investigaciones, James Comey, se presentó el jueves como un creyente en la integridad de las instituciones frente al suelto manejo ético del presidente Donakd Trump.
Comey, despedido por Trump en febrero pasado, indico que algunas de las referencias de Trump le hacían recordar a lo que el rey ingles Henry II decía en 1170 acerca del arzobispo de Canterbury, Thomas Beckett: ¿me liberará alguien de este cura metiche?
La sugestión podría ser un tanto exagerada. Después de todo, Beckett fue asesinado por cortesanos y nadie espera que alguien, en este tiempo y hora, vaya a menos que se trate de un simbólico asesinato de carácter.
Pero el punto tiene su importancia. Comey es un hombre que nació, creció, se educó y se desarrolla en el sistema; cree en él.
Trump es un hombre que en sus propias palabras ha aprovechado del sistema y aún hoy, cuando trata según él de desmontar un aparato que considera ya dañino para el pueblo estadounidense, trata de usar el estilo de guiños y amenazas que le fue de enorme utilidad cono empresario en Nueva York.
En ese marco, Washington, una ciudad inmersa en la polémica política, presenció el jueves la aparición de James Comey ante el congreso, con la misma intensa expectación con la que algún pueblo del viejo oeste estadounidense pudo haber esperado la llegada de un famoso pistolero para un duelo anunciado.
Que su declaración formal ante el Comité de Inteligencia del Senado era conocida desde del día anterior no restó expectativas para ese duelo, que en vez de armas usó palabras y en vez de balas credibilidad.
El rival, ausente del cuarto, era el presidente Donald Trump. 
Para muchos, el hombre del sombrero blanco era Comey y Trump el villano favorito. Para otros, cada vez menos según las encuestas, el presidente es el bueno.
En el duelo de credibilidad gana Comey, por algo así como 65 a 35, según una encuesta de The Washington Post.
Poco nuevo surgió, aunque la reiteración de hechos y algunos indicios de lo que puede surgir permiten apuntar a dos o tres años de irritaciones para Trump.
El cura metiche -y por cierto Comey estudió religión en la Universidad- dejó abierta la posibilidad de que Trump sea acusado por obstruccion de la justicia, un cargo que no es demasiado serio excepto que el responsable sería el propio presidente de los Estados Unidos.
Comey, hombre del sistema, cuidó sus palabras, menos por miedo que por respeto a la investigación en desarrollo por su colega y amigo, el fiscal especial Robert Mueller.
Lo que sí quedó en evidencia es la tendencia de Donald Trump a buscar cómo evadir la ley sin transgredirla completamente.
Pero contra las esperanzas de muchos, las declaraciones de Comey no fueron el gatillo para un juicio de impugnación.
Son sin embargo un agregado a una situación tan complicada que probablemente seguirá hasta las elecciones legislativas del próximo año y tal vez hasta  el inicio de la campaña presidencial de 2020.
 
Los republicanos respiraron con alivio. Después de todo, Trump tiene un grado de apoyo popular y es víctima de lo que sus partidarios consideran como una cacería de brujas. La declaración de Comey no fue el gatillo para un juicio de impugnación y por tanto no deberán todavía elegir entre su lealtad al país o la fidelidad al mandatario.
Tal vez ya hay una mayoría: los que creen que las palabras Comey son solo un elemento mas en una situación más complicada que probablemente empalmará no solo con las elecciones legislativas del próximo año sino con el inicio de la campaña presidencial de 2020.
Y el cura metiche seguirá ahí: Beckett llegó a santo.

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