Trump creó su propio escándalo de Watergate

La apariencia de abuso de autoridad y de desdén por la forma en que Donald Trump despidió al director del FBI, llevó ya a comparaciones que no lo ayudan

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Cuando en noviembre de 1973 el entonces presidente Richard Nixon despidió a Archibald Cox, el fiscal especial que investigaba el involucramiento de su Comité de Reelección del presidente en una trama de espionaje interno, provocó la renuncia del entonces procurador General, Elliott Richardson y su segundo, William Ruckelshaus.

Fue un momento conocido como la masacre del sábado por la noche y no sólo exacerbó ánimos y sospechas ya existentes, sino que precedió por unos meses a la obligada dimisión de Nixon bajo una nube de desprestigio y amenazado de juicio de impugnación en el Congreso de EU.

La apariencia de abuso de autoridad y de desdén por las formas con que Donald Trump despidió a James Comey, director del FBI, llevó ya a comparaciones que no lo ayudan, pese a su bravata de que me lo agradecerán.

Comey era un huérfano político, producto de sus revelaciones sobre la indagación de seguridad nacional en torno a la campaña de Hillary Clinton, y luego sobre la pesquisa del FBI respecto a los posibles vínculos de miembros de la campaña política de Trump con funcionarios rusos.

Pero su despido y las formas que lo acompañaron dieron al menos pretexto para que sus críticos, republicanos y demócratas, no sólo hicieran comparaciones con Watergate, sino se preguntaran sobre el razonamiento político del gobierno.

Los republicanos controlan la Presidencia, las dos cámaras del Congreso y el Poder Judicial, lo que en principio haría aparecer como fácil terminar con una inquisitoria, la de Rusia, sin mayor problema. Por lo pronto el líder de la mayoría en el Senado Mitch McConnell, rechazó la idea de nombrar un Fiscal Especial.

Pero la idea de que Trump y su Casa Blanca tratan de esconder algo y de poner un rápido fin a un problema es creciente. Correcta o no, la noción es que se trata de un abuso de poder que tendrá consecuencias para el Partido Republicano.

Para algunos se trata de un ejemplo de lo que puede hacer un mandatario que no está habituado a enfrentar los topes y balances constitucionales que conforman el gobierno de Estados Unidos.

Para otros, el mandatario estuvo en su derecho y tenía legalmente la autoridad de despedir a Comey al no tener confianza en él, bajo recomendación del Procurador General Jeff Sessions y su segundo, Rod Rosenstein, pero ahora son a su vez sospechosos de encubrimiento.

Nadie olvida que Trump y sus aliados fueron elogiosos de Comey cuando confirmó que el FBI investigaba posibles filtraciones de seguridad nacional en correos de Clinton.

De hecho, recordó un analista legal, Trump despidió a Comey en 2017 por lo mismo que lo elogió en 2016.

No tengo duda de que Trump despidió a Comey porque sintió la soga apretándose en la investigación sobre los contactos con Rusia, aseguró el senador Tim Caine.

Cierto o no, ahora el gobierno de Trump está bajo sospecha en su propio Watergate.

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