Ni con el diablo ni con los centroamericanos

La 4T sólo tiró las campanas al vuelo y luego se retractó con el tema de las caravanas migrantes

Gardenia_Mendoza

El presidente Andrés Manuel López Obrador se echó la soga al cuello en el tema migratorio, porque en medio de la crisis de caravanas migrantes a principios de su administración, vendió a la opinión pública la idea de que dejaría entrar a los centroamericanos sin papeles como una política de Estado y no como lo que realmente pretendía hacer: dejarlos pasar temporalmente y luego bloquearlos.

El Programa Emergente de Tarjetas de Visitante por Razones Humanitarias duró apenas unos días, finalizó el 28 de enero pasado con un saldo de 13,270 visados y, desde entonces, las autoridades migratorias no dan ningún papel en las garitas migratorias del país. Exigen que los extranjeros lo soliciten en las representaciones diplomáticas mexicanas de sus respectivos países, como en los viejos tiempos.

La 4T sólo tiró las campanas al vuelo y luego se retractó, para infortunio de los migrantes porque, a falta de información clara y directa que explique que las puertas abiertas fueron coyunturales, la mayoría cree que aún se puede pasar como don Juan por su casa y eso provoca que vendan sus propiedades o se endeuden para toparse, otra vez, con el rechazo México.

Del otro lado tampoco ha quedado bien. La medida (aunque ya no existe) sigue siendo muy mal vista por la administración de Donald Trump. En las últimas horas, el comisionado de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP), Kevin McAleenan, culpó al gobierno mexicano de ayudar a la llegada de grandes grupos de centroamericanos en autobuses.

En su comparecencia ante el Senado de EU, McAleenan incluso fue más lejos y calificó el proceder de la nueva administración mexicana como violatoria de la ley de su propio país, porque la Ley de Migración la obliga a devolver a sus países a todas las personas extranjeras que ingresen sin documentos.

Con mayoría en el Congreso, AMLO podría empujar una reforma que considerara de manera sistemática un ingreso fluido de centroamericanos con permisos de un año para que, quienes tengan la necesidad, puedan explorar la opción con calma, sin persecuciones ni chantajes de coyotes o vivillos: la realidad es que México es tan xenófobo como hospitalario.

Del Suchiate al Bravo, los ríos extremos dan cuenta de pobladores hartos del desorden, la inseguridad y retos por la llegada de tanta gente el mismo tiempo. Como en cualquier casa, no es lo mismo atender a uno o dos huéspedes que a un escuadrón que, además, fue invitado por otro.

Pero otorgar estos permisos por ley requeriría, entonces sí, que el Estado mexicano tomara postura, afianzara sus políticas con dinero y compromiso permanentes y enfrentara toda la furia de vecinos inconformes.

Por eso ha sido más fácil la falacia de hacer creer que hubo un cambio de política pública ante la migración indocumentada cuando, en realidad, esa diferencia duró apenas el primer mes de 2019. Después ha sido sólo administración del conflicto. O simulación, si queremos usar la palabra precisa.

 

*Periodista

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