Tres escenarios para el futuro de las Fuerzas Armadas

La Fuerza Aérea Mexicana, que continúa bajo tutela administrativa del Ejército, opera principalmente en apoyo a las unidades terrestres

Iñigo Guevara / Analista / Heraldo de México
Iñigo Guevara / Analista / Heraldo de México

A diferencia de otros países, el Ejército Mexicano moderno surgió hace poco más de un siglo con una misión intrínseca de seguridad interior. Con el paso del tiempo –y principalmente a raíz de la Segunda Guerra Mundial– adopto el ejercicio más convencional de defensa nacional a su doctrina, sin embargo, su despliegue, entrenamiento y equipamiento está principalmente orientado a la labor de seguridad interior, operaciones contra el narcotráfico, apoyo a la seguridad pública y reacción ante desastres.

La Fuerza Aérea Mexicana, que continúa bajo tutela administrativa del Ejército opera principalmente en apoyo a las unidades terrestres y sólo ha logrado desarrollar y mantener una capacidad mínima para vigilar y defender el espacio aéreo mexicano.

Por su parte, la Armada de México ha logrado desarrollar sus capacidades de patrulla costera gracias en gran medida al programa permanente de construcción de buques en astilleros nacionales que está en vigor desde los 80, pero ante la falta de recursos adecuados ha tenido que sacrificar su flota de largo alcance, es decir, su Marina de Guerra, convirtiéndose en una fuerza capaz de operar de manera eficiente en la Zona Económica Exclusiva (ZEE)… pero no más allá. Solo recientemente (2015) comenzó a construir un buque del tipo POLA (Patrulla Oceánica de Largo Alcance) que le brindara la capacidad de ejercer presencia más allá de la ZEE. Es importante no perder de vista esta capacidad de lo contrario la Armada se convertirá en un servicio de guardacostas.

Relativamente tarde a comparación de otras fuerzas militares similares –aunque más vale tarde que nuca– desde 2014, las Fuerzas Armadas mexicanas han comenzado a ejercitar el musculo en cuestión de despliegues internacionales, participando como observadores en operaciones de mantenimiento de la paz y preparándose para poder realizar contribuciones significativas con unidades nivel compañía y más tarde batallón.

Una nueva preocupación surge a raíz de la creación de la Guardia Nacional (GN) que estará formada a partir de unidades de Policía Militar del Ejército, Infantería de Marina en funciones de Policía Naval y de la Policía Federal, aparentemente por completo, pues absorberá la mayor parte de funciones de seguridad interior de las Fuerzas Armadas.

Por lo que es importante cuestionar ¿ahora cuál va a ser el papel de las Fuerzas Armadas? A continuación, tres escenarios:

En un escenario optimista, la GN evoluciona rápidamente y se convierte en una fuerza de policía efectiva y honesta, gozando de un alto nivel de apoyo político y social. Se enfoca principalmente en reducir o neutralizar a los grupos armados de crimen organizado, pasando después a realizar funciones de guardia fronteriza, protección de instalaciones estratégicas y operaciones contra el narcotráfico. Las Fuerzas Armadas regresan a ser la última línea de defensa del Estado, siendo desplegado en apoyo de la Guardia Nacional sólo cuando se encuentredesbordada.

En este escenario las Fuerzas Armadas se reestructuran y modernizan: Ejército, Armada y Fuerza Aérea desarrollan doctrina moderna y conjunta, comparten recursos, infraestructura, logística y adiestramiento, no sólo entre ellos, también con la Guardia Nacional; incrementan su poder de fuego convencional y el nivel de tecnología se eleva para emparejarse con la mayoría de los países del G20; aumentan significativamente su presencia en el exterior, lo que las lleva a estar a la vanguardia en cómo reaccionar para defender a la nación de posibles enemigos –estatales y no estatales–ya sea en tierra, mar, aire, espacio y ciberespacio.

Del otro lado de la balanza, en un escenario pesimista, la GN fracasa en concepto, pero sobrevive. Se convierte en una institución politizada y corrupta, incapaz de despliegues a nivel nacional y dotada con equipo inadecuado, personal poco motivado (los reprobados de las Fuerzas Armadas) y con doctrina desfasada. Consecuentemente las Fuerzas Armadas tienen que seguir interviniendo de manera directa en las operaciones de seguridad interior a nivel nacional y continúan sacrificando el desarrollo de capacidades militares para convertirse en una sombra de la GN. La diferencia entre GN y las Fuerzas Armadas es poco visible, al igual que la diferencia de sus funciones. Adicionalmente, las Fuerzas Armadas son asignadas funciones nuevas que las distraen y confunden aún más –como la administración de un aeropuerto internacional o el cobro de multas en carreteras federales. La corrupción y politización infecta y se esparce por los pasillos de las fuerzas armadas, llevando a una disminución del profesionalismo, de capacidades y aún más importante, el deterioro de la confianza de la población.

El tercer escenario y posiblemente el más probable, se encuentra en un punto intermedio. La GN se convierte en un mando coordinador de distintas unidades militares que operan por comisión, identificados con un gafete en el hombro que los identifica como GN. Un gafete que se quita tan fácil como se pone y como consecuencia, el 2 de diciembre de 2024 la GN pasa a receso. Las Fuerzas Armadas reabsorben al personal comisionado y anuncian las grandes carencias que tienen en múltiples áreas que no han sido atendidas –radares, buques, aeronaves, ciber, comunicaciones estratégicas–, pues la administración –para entonces saliente– determinó que lo único importante era la seguridad pública y se despreocupó por la dimensión de la defensa. Pasaron cinco años en donde todos los recursos se enfocaron en comprar camionetas, toletes y gafetes para la GN. México se encuentra en el mismo punto en cuanto a violencia que en 2019, pero con un rezago significativo en capacidades estratégicas.

La ausencia de análisis serios y profundos sobre el futuro de la defensa en México es evidente en múltiples dimensiones –gobierno, medios y academia– pues cuando comenzamos a discutir sobre las Fuerzas Armadas, invariablemente terminamos enfocándonos en seguridad pública y reforma policial. Si bien este vacío analítico antecede a la presente administración, hay una oportunidad en este momento en que se está diseñando los programas sectoriales para atender las necesidades de inversión y desarrollo del país en este sentido, preferentemente hacia un escenario optimista.

*Consultor de la compañía Jane’sen Washington, DC.

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