Toledo y el arte popular

Su vida y andares por los pueblos, el campo y la sierra se asoman...

Wilbert Torre / Serendipia / Heraldo de México
Wilbert Torre / Serendipia / Heraldo de México

Toledo ve lleva por nombre la exposición en curso del artista mexicano vivo más cercano a las raíces indígenas; el más irreverente, atrevido y celebrado dentro y fuera del país.

Toledo acaba de cumplir 79 años y todo el cargamento acumulado en una vida entre el cielo abierto y la tierra, sus insectos y bestias, sus falos y conejos, las batallas contra el maíz transgénico –su vida y obsesiones, sus luchas y conflictos–, se entrelazan de un muro a otro y en las vitrinas del Museo Nacional de Culturas Populares de Coyoacán.

Una hermosa puerta de hoja doble por cuyo cuerpo avanza una marabunta de alacranes dibujados por Toledo indica la entrada al planeta íntimo y creativo del pintor y escultor oaxaqueño.

Su vida y andares por los pueblos, el campo y la sierra se asoman en los cueros de cabrito intervenidos por el artista a manera de cuadros y en una silla campestre tejida con la piel del chivo; en la figura humana hecha con zacate; en los troncos de ceiba en cruz y los tamalitos envueltos con fibras naturales; en el caracol gigante y en los caparazones de tortuga convertidos en objetos coloridos, alegres y divertidos.

Las pinturas, las esculturas, los monos y las figuras añadidas por Toledo parecen hechas con un cuidado extremo en los detalles. Si algo unifica a estos objetos producto del maridaje entre Toledo, el artista, y los artesanos y artistas de los pueblos, es la hermosura.

Incluso la mujer de zacate es bella entre la fealdad de la fibra. Uno de los objetos más admirados por los visitantes es la escultura de un pez color plata dotado de piernas y zapatillas de arlequín, y todas las piezas de joyería, cerámica y mosaicos en los que cobran vida los murciélagos dibujados en una sutil línea, las langostas y los saltamontes rojos y negros, los monos y los pulpos en los papalotes que rinden homenaje a los 43 normalistas de Ayotzinapa, y en una pareja de elefantes a punto de copular.

Una exhibición de Toledo sin humor negro es impensable. Es fantástica la intervención de las imágenes reproducidas del libro antiguo Las aventuras de Pinocho. En una sucesión de cuadros, el niño de madera aparece acompañado por las bestias de Toledo, un saltamontes y una rata gigantes; enfilándose al interior de las entrañas de una mujer con las piernas abiertas; o acompañado por tres coyotes colgados a un árbol junto al niño de la nariz puntiaguda y una frase al calce:

Cuelga tu conciencia en un árbol seco y el árbol reverdecerá y la cuerda se reventará.

En un mundo global en el que el robo del arte indígena se ha vuelto costumbre, Toledo se inclina para reconocer y reconocerse en el papel, el tejido indígena y el cuero; en la cerámica y el barro, en la joyería antigua y el hierro forjado del arte popular mexicano.

POR WILBERT TORRE

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@WILBERTTORRE

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