Todos los caminos conducen a Arendt

“Se nota cómo vive el vecino, ya se mudó, ya no vive en la Doctores, ya se fue a las Lomas. Todo eso que se denuncie.”

Alejandro Echegaray Suárez / Politólogo / Columna Invitada
Alejandro Echegaray Suárez / Politólogo / Columna Invitada

En los últimos días, Hannah Arendt se ha hecho presente de diversas formas, por distintos medios y, desafortunadamente, no siempre por las mejores razones. Primero, me llamó gratamente la atención que Netflix me instara a ver de nuevo la extraordinaria película dirigida y escrita por Margarethe von Trotta sobre la cobertura que hizo Arendt para el New Yorker alrededor del juicio de Adolf Eichmann, por su participación en el Holocausto.

Después, Twitter me compartió una informativa entrevista que hace The Guardian a Valeria Luiselli, donde la escritora comparte que el libro que le cambió la vida fue La condición humana. Y, luego, Facebook colocó en mi muro un artículo donde Mauricio Merino, profesor del CIDE, hace un listado, sin ton ni son, de citas extraídas de Los orígenes del totalitarismo.

¿Me preguntaba a qué se debe el furor alrededor de la inteligencia excepcional de Arendt? ¿Por qué sigue siendo vigente y su influencia se vuelve cada vez más relevante? Después de las alegres coincidencias vinieron varias ideas, pero la más contundente se detonó con la aprobación de la Ley Garrote.

Aunque no se consideraba una pensadora liberal, Arendt era una feroz defensora del Estado de Derecho, del apego irrestricto a la ley, de la libertad de expresión, acción y pensamiento.

Fue crítica de todas las formas de política identitaria y comunitaria basada en elementos tradicionales y costumbres, al igual que en fundamentos religiosos, étnicos o raciales.

La propuesta política de Arendt está sostenida en la noción de una ciudadanía activa, y en la importancia de la participación o el involucramiento cívico.

En el aislamiento, la participación política es imposible. Pero frente a esta concepción del derecho de reunión o asociación, como fundamental para el desarrollo de una vida democrática saludable, en los últimos días México dio un paso en falso.

Las políticas del lopezobradorismo abonaron nuevamente al aislamiento y atacaron derechos fundamentales en las democracias liberales: el derecho de reunión y de protesta. Con la Ley Garrote se encarcelará, ¡hasta por 10 años!, al que impida total o parcialmente el libre tránsito de personas, vehículos, maquinaria, equipo especializado o similar, para la ejecución de trabajo u obras pública o privada en las vías o medios de comunicación de jurisdicción local.

A la nueva ley se suma el llamado del Presidente para que los ciudadanos acusen a sus vecinos, fomentando el aislamiento y la desconfianza que han destruido el tejido social. La falta de confianza en el país no sólo es grave porque debilita la legitimidad y autoridad de las instituciones, sino porque ha roto también la relación interpersonal entre mexicanos. Pensé en la Alemania del Nacional Socialismo, donde los niños acusaban a sus padres por opiniones vertidas en reuniones familiares.

POR ALEJANDRO ECHEGARAY
POLITÓLOGO

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