Tlahuelilpan no se olvida

El tema empieza a diluirse y todavía no se conoce la identidad del o los responsables de la tragedia

Alfredo_Gonzalez
Alfredo González / A fuego lento / Heraldo de México

Este viernes se cumple una semana de la explosión de un ducto en Hidalgo, que hasta ayer había cobrado la vida de 107 personas, pero es la fecha en que no hay un solo consignado como responsable.

Pero los mexicanos no somos novatos en esto. Ocurrió con la explosión de gas en San Juanico, en 1984; y en Guadalajara, en 1992. Nadie o pocos dieron la cara por las vidas perdidas. Se impusieron la negligencia y la impunidad.

Lo cierto es que lo ocurrido en Tlahuelilpan puso al descubierto cosas que retratan al gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Dejó ver una serie de intereses políticos, y cayó justo en el momento en el que está en ciernes una crisis geopolítica por el petróleo de Venezuela.

Pero a diferencia de otras tragedias, la de Hidalgo rápido dejó de estar en la agenda pública. Cada vez se habla menos de ella y pocos han cuestionado la actuación de las autoridades. Eso ocurrió gracias a que López Obrador dio la cara y enfrentó los cuestionamientos; sin embargo, no hay una explicación técnica de lo ocurrido, mucho menos el nombre del o los responsables.

Por el contrario, muchos acusaron al Ejército y a las policías de negligencia, porque se quedaron cruzados de brazos.

No impidieron que cientos de pobladores, arremolinados en torno a una fuente mortal de gasolina, fueran tragados por lenguas de fuego producto de la explosión que se dio cuatro horas después de una danza de botes, cubetas y bidones que usaron para robar el combustible.

Al accidente de Tlahuelilpan le antecedió la crisis por el desabasto de gasolina que el propio AMLO justificó diciendo que cerrar ductos y abastecer por tandeo era la única forma de hacer frente a los huachicoleros.

Desde su punto de vista, los resultados fueron inmediatos. Sin embargo, algunos mandatarios, como el de Jalisco, Enrique Alfaro, piensan que detrás de esa medida hay una estrategia política, porque casualmente son estados de la oposición los más afectados.

Muchos podrían pensar que esto es parte de un conflicto doméstico derivado de la ordeña ilegal de ductos, pero lo ocurrido hace dos días en Venezuela y el respaldo de México al gobierno de Nicolás Maduro hace pensar otra cosa. Si nuestro país se pone del lado de Maduro y éste impone su voluntad, nosotros podríamos salir beneficiados con precios más bajos de combustibles y crudo, porque para nadie es un secreto que en Venezuela se encuentra el mayor yacimiento de crudo de todo el mundo, y eso es lo que realmente quiere Donald Trump.

El hecho de que nuestro gobierno ponga la mirada en Venezuela no es sólo por los rasgos nacionalistas de nuestro Presidente, sino porque en su gabinete creen que a México le convendría más tener de aliado a un país necesitado de amigos y socios que a un Tío Sam pedante y abusivo con los negocios.

 

Y como dice el filósofo… Nomeacuerdo: Procuramos olvidar lo que, traído a la memoria, nos entristece.

 

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@alfredolez

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