Tillerson y gobierno inexplicablemente inexplicable

El despido del secretario de Estado, Rex Tillerson, es otra de esas ocurrencias ya frecuentes en el gobierno del presidente Donald Trump: explicablemente inexplicable

Tillerson y gobierno inexplicablemente inexplicable

El despido del secretario de Estado, Rex Tillerson, es otra de esas ocurrencias ya frecuentes en el gobierno del presidente Donald Trump: explicablemente inexplicable.

Algunos medios, recordaron, lo que afirman es el caos en el gobierno Trump, uno con un gabinete compuesto más por amigos, conocidos o partidarios que por personajes con experiencia o con prestigio en sus campos, además de su militancia política.

Otros se refirieron al carácter personal de la Presidencia de Trump, que aparentemente gobierna de acuerdo con sus instintos y las reacciones que le provocan determinados comentaristas de televisión.

Alguno más recordó el creciente deterioro de la influencia política y burocrática del Departamento de Estado, bajo el timón de un secretario en desacuerdo público y privado con su presidente. Lo cierto es que de una u otra forma Trump tiene un gabinete disfuncional, con funcionarios que al igual que él, mayormente no parecen saber donde están parados y cometen frecuentes errores; los que tienen una idea más clara, como el secretario de Defensa, James Mattis, o el consejero de Seguridad Nacional, H.R. McMaster, se ven obligados con frecuencia a convencer a Trump de modificar decisiones tomadas al calor de sus reacciones. Y algunos simplemente porque no actúan como abogados de empresa, como el Procurador General Jeff Sessions, que le ha dado éxitos a Trump al interpretar abusivamente su postura sobre migración pero está en problemas porque dejó correr por ley la indagación sobre los posibles contactos de su campaña con funcionarios rusos.Tillerson, cualesquiera sean sus fracasos y la opinión sobre su trabajo, trató al menos de poner una semblanza de continuidad en la política exterior estadounidense y mantener la imagen de su país como un interlocutor confiable.Trump parecía querer, en cambio, un Secretario que fuera eso, un secretario.

Tillerson se había convertido en la brigada de limpieza, el hombre encargado de explicar y suavizar las frecuentemente insultantes expresiones de Trump hacia países.Y de hecho estaba al final de una de esas ingratas misiones cuando su despido fue anunciado.Estaba en África justo mientras Trump y su Casa Blanca anunciaban la posibilidad de un encuentro del mandatario estadounidense con el presidente de Corea del Norte, Kim Jong-Un. El anuncio no fue hecho siquiera por un funcionario estadounidense, sino por un enviado de Corea del Sur, luego de un encuentro personal con Trump. En otras palabras, y al margen de lo positivo o negativo que pueda ser, sin análisis ni evaluaciones.Tillerson también condenó severamente la aparente intervención rusa en el envenenamiento en Gran Bretaña de un ex doble espía y su hija; estuvo en desacuerdo sobre la denuncia del Acuerdo de Paris sobre medio ambiente, sobre los ataques al convenio nuclear con Irán.

Su sucesor Mike Pompeo era el director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y un ex diputado republicano frecuentemente acusado de extremista y racista. Y suele decir lo que a Trump le gusta escuchar.

 

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