¡Tigueres!

¿Debemos considerar a los Tigres de la Autónoma un equipo grande? Su historia lo avala y su sexto título de Liga lo coloca en el Olimpo del futbol mexicano

¡Tigueres!

Su grandeza no sólo radica en lo que ha conseguido en la parte deportiva, que ha sido mucho, sino que ha puesto de rodillas a los poderosos. Ha demostrado sobradamente que no se necesita el gigantesco respaldo de una televisora para trascender. Los Tigres son el modelo a seguir en el fútbol mexicano. Le pese a quien le pese.

Hoy, el centro neurálgico del futbol mexicano tiene su sede en el norte. Ya no radica en la Ciudad de México, para escozor de muchos.

Es bueno tener dinero, pero mucho mejor saber cómo y en qué gastarlo. Los Tigres, con un gran respaldo financiero, han consolidado una institución sólida en todos los sentidos. Son ejemplo para los demás millonetas (léase América, Cruz Azul y Chivas) y han puesto el dedo en la llaga. A diferencia de Monterrey (otro modelo a seguir), tiene jugadores mexicanos de estupendo nivel como Aquino, Dueñas, Torres Nilo, Ayala, Damm, etc. Apuntalados to- dos por extranjeros de sobrada capacidad como el capitán Juninho, Carioca, Meza, Valencia, Nahuel y, por supuesto, el emblemático Gignac, quien en la última Euro estuvo a nada de darle el título al conjunto galo frente a Portugal.

Cometemos los defeños el gravísimo error de sentirnos el ombligo del mundo y, literalmente, perdemos el norte, mientras la brújula apunta hacia una tierra fértil y próspera, boyante, y la aguja se detiene en un Volcán.

Mención aparte merece la directiva encabezada por el ingeniero Alejandro Rodríguez, hombre astuto para el negocio, sagaz como pocos y cuya mancuerna con Ricardo Tuca Ferretti, ha puesto a La U en los primeros planos del futbol continental.

No me cabe la menor duda que tanto Tigres como Raya- dos, tienen la mejor nómina desde Alaska hasta la Patagonia. Ambos, final intensa y disputada de por medio, colocaron de nueva cuenta a México en el radar futbolístico del continente. Y para rematar, callaron muchas bocas.

En conclusión, disfrutamos de una final de alarido en la que se transpiró muchísimo. Vimos al mejor equipo del torneo vender cara la derrota ante una escuadra acostumbrada a jugar partidos rocosos. Tigres fue paciente, le regaló la pelota a la Pandilla, pero a la postre se llevó el botín completo.

Los Tigres comenzaron a ser grandes a finales de los 70 y principios de los 80. Los mayores recordarán las haza- ñas de El Pato Azuara, Gómez Junco, Tomás Boy, Pilar Reyes, y aquel fantástico ulular de una sirena cuando to- caba la pelota el genial Gerónimo Patrulla Barbadillo. Seguro, volando en su nube, henchido de alegría, estará feliz de la vida don Carlos Miloc, arquitecto perenne de esta increíble historia.

Remato felicitando a la enorme afición regiomontana, ejemplo de cordura y educación cívica. Los que ganaron lo hicieron bien y los perdedores asumieron de manera estoica.

¡Felicidades, Tigueres!

 

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