The end de las chapoaventuras

En su larga carrera criminal descalabró a tres expresidentes: Vicente Fox,Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto

Luis Soto / Agenda Confidencial / Heraldo de México

Como era de esperarse, el jurado estadounidense declaró a Joaquín El Chapo Guzmán culpable de los 10 cargos que se le imputaban, por los que podría ser condenado a cadena perpetua. Concluyeron así las chapoaventuras del enemigo público número uno no sólo para Estados Unidos, sino también para México.

En su larga carrera criminal, El Chapo descalabró a tres expresidentes de la República; dos panistas (Vicente Fox, a quien se le escapó de Puente Grande, Jalisco, el 18 de enero de 2001, y a Felipe Calderón, quien no se atrevió a tocarle un pelo al narco number one). Y al priista, Enrique Peña Nieto quien en febrero del 2014 lo recapturó, aunque después se le fugó del penal de Almoloya, de donde también se peló y volvió a echarle el guante y finalmente aceptó extraditarlo a Estados Unidos donde lo juzgaron.

¿Por qué presionó tanto el gobierno de los Estados Unidos al gobierno de México para extraditar al Chapo, para juzgarlo y condenarlo de acuerdo con la legislación de aquel país? ¿Por qué los estadounidenses tienen una nación ejemplar en lo que se refiere al Estado de Derecho? ¿Por qué los estadounidenses quisieron cobrarle personalmente las cuentas pendientes a su enemigo público number one?, ¿porque el país más poderoso del mundo quiso mostrar urbi et orbi que allá sí existe la justicia sin vendas en los ojos y sin sobornos de por medio? ¿Por qué las cárceles de Estados Unidos no tienen las puertas tan grandes como las mexicanas y no se les escapó el súper narco? ¡Nada de eso! Exclaman los observadores políticos. La razón fue más sencilla que todo lo anterior. Y exponen: el sistema de justicia de Estados Unidos dispone de recursos legales que le permiten interrogar a fondo a los delincuentes de alta peligrosidad -sacarles la sopa, pues-, y obtener así valiosa información a cambio de negociaciones en lo oscurito que rebajan las condenas a los sentenciados o les permiten vivir como testigos protegidos en penales especiales que nada tienen de terribles. Habrá que esperar la sentencia para saber si estos beneficios aplican para El Chapo.

En el caso de Joaquín Guzmán Loera, la información que proporcionó a los interrogadores estadounidenses incluyó a funcionarios públicos, empresarios y políticos mexicanos de ayer y de hoy, que formaron la intrincada red de complicidades que el sinaloense tejió durante su prolongada actividad criminal. Esa información la tiene ya en su poder el gobierno de Estados Unidos, y es sin duda material explosivo con enorme valor estratégico para presionar en su oportunidad al gobierno de México.

El golpe a Joaquín Guzmán tendrá que alcanzar también a la extensa y multitudinaria telaraña de intereses que supo tejer con la complicidad de socios mexicanos y extranjeros que le permitieron convertirse en líder de una poderosa organización criminal internacional, en un capo global. No es concebible que los funcionarios, empresarios y políticos que lo ayudaron a operar durante muchos años, se queden tan tranquilos y mantengan intocada su red para ponerla al servicio del sucesor o sucesores del sinaloense.

 

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