Tercer acto: Caminito

Una crónica de nuestro fallido intento por visitar el emblemático barrio de colores de Buenos Aires, Argentina

Tercer acto: Caminito

Estamos en Buenos Aires y queremos ir a Caminito, un amigo nos dice que es mejor hacerlo en turibus ya que se rumora que el barrio de la Boca, donde se encuentra el colorido punto turístico, es algo peligroso. Intentamos comprar boletos, pero es día feriado y no hay servicio, así que pasamos el resto del día comiendo carne, pizza, bebiendo vino y cerveza.

Salimos del bar ya bien entrada la noche y nos tomó por sorpresa lo que pareciera ser una obra de teatro involuntaria: En un primer acto, un borracho grita, dirigiéndose a una pareja que está esperando el camión: ¡Pelotudo! Sos un maldito cobarde. Voy a arrancarte la cabeza y dársela a tu novia como trofeo.

En un segundo acto, la pareja se aleja del agresor, más con cara de incógnita que de susto, dejándonos solos junto al dramático ebrio que parece deleitarse amedrentando a la gente con imágenes que parecen haber salido de la imaginación del mismísimo George R. R. Martin. Tomamos el primer taxi que aparece y nos ahorramos el tercer acto, no vaya a ser que el tambaleante señor decida dedicarnos uno de sus sangrientos versos y tengamos que descifrar si sus amenazas son inofensivas o no. ​

A los porteños les gusta aderezar todo con emociones fuertes y un toque de drama; en ocasiones pareciera que les causa placer exagerar un poco la realidad. Quizá sea por eso que en esta ciudad se hace tan buen teatro. ​

A la mañana siguiente caminamos por el barrio de San Telmo con la intención de ir a Caminito por la tarde. Mientras tomamos un café preguntamos al mesero sobre la mejor ruta para visitar el barrio.

El mesero nos dice que ir a Caminito por la tarde es una mala idea, que el crimen es muy fuerte allá y es más seguro ir por la mañana. Después nos sugiere que pongamos nuestros bolsos en nuestras piernas ya que en esa zona también hay muchos rateros. Presentimos que está exagerando, pero nuevamente, decidimos hacer caso y posponer nuestra visita a Caminito. ​

Unos días después visitamos la calle de Murillo para comprar productos de cuero. Planeamos aprovechar ese día (nuestro último) para ir a Caminito, pero platicando con la señora de la tienda nos enteramos de que unas semanas antes mataron a un turista suizo en el barrio de la Boca: Los turistas van por la cashe tomando fotos con sus camaritas sin tener cuidado ¿vihste? y pasan estas cosas. Vos tenés que tener cuidado, con la crisis la cosa se pone fea. ​

Decidimos pasar la tarde comiendo helados y alfajores. El drama en esta ciudad es muy sofisticado, quizá todo es una gran obra de teatro y nosotros somos esos espectadores cobardes que prefieren taparse los ojos en el tercer acto antes que descubrir si las amenazas son inofensivas o no.

 

Por Ruy Feben y Carlota Rangel

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