Teorías sobre el autogol

Lo político siempre le ganará a lo económico. Pretender que los gobernantes van a actuar acorde con el bolsillo de la nación, es no entender la naturaleza del poder

Agustín Barrios Gómez / El norteamericanista / Heraldo de México
Agustín Barrios Gómez / El norteamericanista / Heraldo de México

Lo único que queda claro de la decisión que tomó el Presidente electo sobre el NAIM es que se trató de todo, menos de un nuevo puerto aéreo para la megalópolis mexicana. No hay manera que haga sentido la cancelación de Texcoco, salvo en el ámbito político. Se trata del proyecto más grande infraestructura de América del Norte, con financiamiento propio, que detonaría el desarrollo en una zona del país que no tiene ninguna otra vocación. De un plumazo virtual, el Presidente electo acaba de propinarle al país un golpe 1-1.5% del PIB. Es un autogol de un tamaño que no se ve desde la Docena Trágica (LEA/JLP).

 

Queda claro un tema que he repetido con mis colegas empresarios: lo político siempre le va a ganar a lo económico. Pretender que los gobernantes van a actuar acorde con el bolsillo de la nación, o incluso el suyo, es no entender la naturaleza del poder. Aquí, las posibles razones por las cuales sucedió lo que sucedió:

 

Primero, la teoría Riobóo. Se trata de que el gobierno entrante estaría privilegiando un nuevo grupo de empresarios (representados por Santa Lucía) por encima de una vieja oligarquía empresarial (que representa Texcoco). La verdad, no lo creo. Es muy poca cosa para el tamaño del golpe a la economía nacional, considerando que se trata de ajustes que representan poco dinero para el proyecto que ganó.

 

Colofón a la teoría Riobóo está la teoría táte quieto. Se trata de un hasta aquí que muestra quién manda. Es una teoría sustentada por Masha Gessen y sus reglas para vivir con autócratas: Regla #1: créele al autócrata. No trates de racionalizar. Lo que dice que va a hacer, lo va a hacer. Caiga quien caiga.

 

Teoría golpe de Estado/venezuelización. Ésta dice que el verdadero objetivo fue quitarle la base aérea al Ejército. Según esto, no tiene nada que ver con el tema del aeropuerto, sino con debilitar a los militares para evitar un contrapeso cuando decida gobernar por decreto y/o eternizarse en el poder. Es complicado entender exactamente cómo una base aérea pudiera ejercer ese nivel de control, pero va en línea con el hecho de que el régimen entrante esté desmantelando el Estado Mayor Presidencial. Aparte, uno de los contrapesos psicológicos de que México se convierta en una dictadura socialista/comunista ha sido la idea de que los americanos invariablemente se meterían. Hoy, en la medida que una dictadura sea amiga de la Casa Blanca y que no genere una crisis de refugiados hacia EU, está mucho más en el aire si se meterían, o no.

 

Lo que queda claro es que hay un debate entre ultras y moderados y que, mientras que el corazoncito del Presidente electo está con los ultras (Texcoco), su cabeza está con los moderados (TLCAN/T-MEC). ¿Las próximas señales? El presupuesto 2018 y la permanencia (o no) de Alfonso Romo.

 

 

*Presidente de la Fundación Imagen de México. y conductor de ADN40 News

¿Te gustó este contenido?




Lo mejor del impreso
OpiniónBueno / Malo / Feo

Bueno, malo y feo