Tensiones, intenciones y reacomodos

Todas las tensiones que estamos viendo ahora, en este intenso siglo XXI, se dan en la lucha y contradicción normal entre los poderes políticos

Ramón Ojeda Mestre / Opinión Editorial / Columnistas El Heraldo
Ramón Ojeda Mestre / Opinión Editorial / Columnistas El Heraldo

Cuando metieron a Joaquín Hernández Galicia a la cárcel nos asombramos; cuando pusieron en prisión a la maestra Elba Esther Gordillo, también. No tenemos por qué mostrarnos flemáticos e incólumes ante la detención de la ex secretaria de Desarrollo Social del gobierno anterior.

 Los que han tenido la suerte de visitar el Museo del Prado, en Madrid, o verlo por internet, se habrán visto impactados por el cuadro de Goya de Saturno devorando a su hijo, que formara parte de los muros de la casa que Francisco de Goya y Lucientes adquirió en 1819, y pertenece a la serie de las Pinturas negras de dicho artista. En esa alegoría, es Chronos, el tiempo, el que devora la efímera naturaleza humana. Sic transit gloria mundi.

Todas las tensiones que estamos viendo ahora en el crujiente aparato público y en la demográficamente ensanchada sociedad de nuestro país, en este intenso siglo XXI, se dan en la lucha y contradicción normal entre los poderes políticos y las fuerzas económicas. Sí, nos sacude, pues no somos insensibles a esos estertores, pero siempre suceden este tipo de enfrentamientos y acomodos. Nihil novum sub sole, para seguir con los latinajos, que tanto gustaban a Salvador Novo y más de uno le embonó a Luis Spota, uno de sus rivales literarios.

Las luchas por los liderazgos en las Cámaras, o en el partido del Presidente, y las que acabamos de presenciar en el PRI, donde la yucateca Ivonne Ortega renunció ante el ungimiento cantado del campechano Moreno, o los regodeos de los Calderón en busca del partido perdido, no son más que pequeñas anécdotas de la historia de siempre en las luchas cráticas, sean éstas democráticas, aristocráticas, plutocráticas o teocráticas y, si se salen de cauce, es la sociedad que termina a gritos y sombrerazos o algo peor, como se vio en la revolución francesa o en la guerra de secesión en Estados Unidos, o en la confrontación franquista en España, en donde hasta el pobre Federico García Lorca acabó fusilado a sus 38 años. Culpa es de los tiempos y no de España, se diría.

Es importante pues, que nuestro país sepa dirimir con mesura y madurez sus contradicciones, cualesquiera que sean y no dejarse acelerar por las beligerantes partes en conflicto, sobre todo cuando todo este fenómeno político se da en un contexto en el que la delincuencia armada ha sembrado de luto vastas zonas del territorio nacional.

El próximo lunes ya todas las escuelas de México estarán en clases y esto ralentiza los tejidos urbanos y agudiza crispaciones y estrés a mañana, tarde y noche, sobre todo en las urbes más pobladas en medio de un largo y ardiente verano que en lugares como La Ribera en Baja California Sur alcanza temperaturas de 45 grados, igual que en otras partes del cálido y hermoso país.

Compete a las autoridades estar muy atentas de que, quienes quieren llevar agua a su molino, no abusen del río revuelto, ya que lo que México requiere hoy y siempre es un clima de serenidad, orden, legalidad, entendimiento y honestidad para avanzar cultural y económicamente en el reto de sacar del hoyo a las grandes franjas populares que desde hace décadas no ven la suya.

Hay dos tareas inaplazables: afrontar el grave asunto de los miles de desaparecidos y asesinados en este tranco que no acaba de dar el enfrenón, y sacar de la pobreza extrema a las decenas de miles de niños, mujeres y hombres que fueron quedando en el rezago de la corrupción, el nepotismo, la impunidad y la indolencia de gobiernos fallidos e insensibles. Es la paz el ámbito fundamental para alcanzarlo y cada uno de nosotros ha de colaborar en algo.

POR RAMÓN OJEDA MESTRE
COLABORADOR


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