Tarek y Tarín

Tarek y Tarín son priistas de su tiempo; sus nombres, sonoros y místicos, parecen bíblicos, pero harían ver a Dimas y Gestas como niños inocentes.


Tarek, ex tesorero acusado de corrupción con Javier Duarte en Veracruz, y Tarín, señalado de peculado con César Duarte en Chihuahua, no son una anécdota inocua ni un episodio aislado de la política mexicana. Tarek y Tarín son la representación más bárbara del PRI, el partido fundado por Calles como PNR tras el asesinato del presidente Obregón.

Tarek y Tarín son los nietos de un proyecto que traicionó los principios de la Revolución, un partido cuyos gobernantes –los dos citados, más otros cuatro encarcelados y cientos impunes– han creado mecanismos criminales y redes institucionales de corrupción, traicionando a sus gobernados.

Tarek y Tarín otorgan una vigencia inquietante a la peor versión de la política y de la moral, ese árbol que da moras, definición esencial de Gonzalo N. Santos, diputado, gobernador, asesino y ladrón de elecciones cuyo ideario forjó a distintas generaciones de priistas que en la era digital se han graduado en empresas fantasma y paraísos fiscales creados para ocultar fortunas mal habidas.

Tarek y Tarín confirman la condición vegetativa del Estado de Derecho y que la impunidad política se levan- ta sobre el fuero constitucional que salva a los políticos corruptos de la justicia: si la Biblia narra que Dimas y Gestas fueron crucificados
con Jesús, estos dos políticos encontraron refugio en el sitio menos ideal y al mismo tiempo el más indicado para protegerse: la Cámara de Diputados, la casa de las leyes convertida por el PRI en santuario de intocables.

Tarek y Tarín son el último destape del PRI: en las horas en las que Enrique Ochoa exigía investigar a López Obrador y el medio millón de pesos que una diputada de Morena recibió, en la Cámara de Diputados la bancada priista impedía el inicio de un juicio político para retirar a Tarek el fuero que le impide enfrentar acusaciones por el desvío de 23 mil millones de pesos. Tarek, –el que toca la puerta en árabe– fue salvado por César Camacho, coordinador de los diputados priistas en San Lázaro, con el respaldo absoluto de Los Pinos.

Tarek y Tarín son, junto a cientos de priistas denuncia- dos, los obligados sujetos de investigación de una comisión anticorrupción nacida muerta en el PRI, el otoño pasado. Seis meses fueron insuficientes para encontrar a tres priistas con el perfil moral y ético idóneos para ponerla a trabajar.

Agradezco a Franco Carreño y Alfredo González invitarme a escribir esta columna en el relanzamiento de El Heraldo de México, el diario donde hice mis primeras notas al llegar de Mérida en 1992. Su promesa ha sido de libertad y la mía es de un periodismo riguroso, independiente y cercano a la sociedad. Bienvenidos a Serendipia, un espacio en el que encontrarán postales, aforismos, rompecabezas escritos y otras cosas para estar enterados, para indignarse, para reír y sobre todo para pensar.

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