Superávit

Como quizá nunca en su historia, la Selección Mexicana cuenta con abundancia de jugadores de calidad en la portería, la zaga, la media y el ataque.

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Al técnico del tricolor, Juan Carlos Osorio, le está tocando una era boyante con universo amplísimo de futbolistas de dónde echar mano. Influye, claro, el roce internacional de muchos de ellos.

Si un punzante extremo como Jesús el Tecatito Corona no se encuentra disponible por la razón que sea, ahí está Jürgen Damm. Si bajo el arco Guillermo Ochoa no juega, tiene a Alfredo Talavera, a José de Jesús Corona, a Rodolfo Cota, a Moisés Muñoz, a Jonathan Orozco, a Miguel Ángel Fraga. Si en la punta Javier Hernández no las mete, emerge Raúl Jiménez en mejor momento que El Chicharito. Y así en casi todas las posiciones. Tanto, que ha podido armar una segunda Selección —mezcla de jóvenes y veteranos acreditados— con enormes posibilidades de ganar la Copa Oro en territorio de Estados Unidos. A pesar de sus proverbiales rotaciones, que en teoría parecerían alejar a la Selección de un funcionamiento colectivo óptimo, el colombiano está dando los resultados que permitirán a México clasificar con holgura al Mundial de Rusia del año que viene.

Quedaron atrás las apreturas, la angustia, las operaciones pitagóricas y la ayudadota de último minuto de Estados Unidos en el ciclo anterior. Sin tanto cacarearlo, como en su momento lo hizo un engreído Ricardo Antonio La Volpe, Osorio sí va a clasificar caminando al Mundial.

Mi proyección es de 24 puntos al final del Hexagonal. Ahora mismo tiene 14 unidades. Según mis cálculos, ganará 6 más como local y rescatará 4 de visitante en Honduras y Costa Rica.

El conjunto verde navega en aguas tranquilas y va en caballo de hacienda rumbo a la tierra de los zares. En este plácido andar, mucho ha tenido que ver el declive de la escuadras catracha y estadunidense, aunque ésta última cuente con grandes jugadores como Bradley (el del zapatazo genial para techar a Guillermo Ochoa) y el novato Pulisic, que pronto será la gran figura del once de las barras y las estrellas.

La historia de la Selección Nacional es un eterno avance y retroceso. Cuando parece que al fin dará el gran salto de calidad, devuelve lastimosamente lo cosechado. Hemos visto, por ejemplo, a selecciones juveniles ganar títulos de forma extraordinaria y luego ni siquiera clasificar al siguiente Mundial. De ese tamaño.

Por eso, la Copa Confederaciones tiene que ser la confirmación del buen momento que atraviesa la Selección. De poco servirán el arsenal de puntos y el rico surtido de jugadores si fracasa en el torneo europeo.

Por lo pronto, la principal encomienda será neutralizar el próximo domingo al astro Cristiano Ronaldo, el superdotado capaz de definir el rumbo de un partido en una sola jugada. ¿Quién se sacará el tigre de la rifa y marcará al astro lusitano del Real Madrid?

Columna anterior: ¡Se hizo la luz!

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