Sostenible

Es indispensable tomar una pausa frente a la vorágine de lo insulso para notar cosas profundas que nos están ocurriendo

Alejandro Poiré / Opinión El Heraldo de México
Alejandro Poiré / Opinión El Heraldo de México

La improvisación y la polarización son antídotos muy eficaces a la sensatez y la reflexión. El asunto de la rifa del avión es un ejemplo perfecto de ello. Mientras debatimos acaloradamente tonterías de este y otros ámbitos de la vida política, el mundo cambia a una velocidad extraordinaria y los retos se acumulan. Y no observamos lo que esto implica. No solamente me refiero a la distracción sobre la indispensable agenda de salud pública de México.

El efecto es más amplio. Así como en los ejercicios terapéuticos suele haber una premisa de atención plena para el manejo de emociones, es indispensable tomar una pausa frente a la vorágine de lo insulso para notar cosas profundas que nos están ocurriendo. De otra forma no podremos lograr nada al respecto. Apunto a una de ellas.

Yo no pienso tener hijos. Es lo más irresponsable que podemos hacer con el planeta. Esto dice una joven de 20 años, quien jamás se pensó como activista del medio ambiente, pero se asume corresponsable del futuro de la especie, y vive preocupada por el ritmo de deterioro que enfrentamos.

Hace apenas unos días, estudiantes de la Universidad de California, en San Diego, publicaron un editorial en el periódico local denunciando el plan de reducción de emisiones de carbono de su escuela. Como ellos, muchas personas jóvenes viven con una angustia existencial que para mi generación es prácticamente desconocida.

Si acaso, algunos mayores que yo vivieron con algo de temor por las implicaciones de una conflagración nuclear global, o quizá escuchamos con azoro y miedo a Erika Vexler decirle a Jacobo Zabludovsky que la respuesta de Israel a una agresión iraquí sería nuclear. Pero por lo general nos tocó crecer en un mundo optimista, para el que la historia sin duda tenía retrasos y desvaríos, pero también un rumbo claro: el del avance de las libertades, la prosperidad y la paz, y del eventual florecimiento de un modo de convivencia y producción aparentemente infalibles.

Pero las cosas no son así. El arranque del siglo ha desmentido esta aparente trayectoria lineal por completo. En particular en materia de sostenibilidad las noticias son sistemáticamente peores, y los jóvenes lo notan más. Ello explica reacciones como la que les relato, y podría anunciar un cambio profundo en preferencias de toda naturaleza para las próximas generaciones.

Algunas compañías de productos de consumo lo han notado.

Y han pasado de tener planes de sostenibilidad como iniciativas financieras, a construir visiones integrales y empoderar liderazgos específicos para asegurarse que todo su proceso es más sostenible, y sobre todo que esto es visible para sus clientes.

Estos ejemplos son muy limitados. El ruido ensordecedor de la inmediatez ha impedido a un gran número de organizaciones públicas y privadas contar con una prospectiva más útil y responsable. Pero hay quienes pueden liderar el camino, escuchando de cerca la voz de estos jóvenes que ven con claridad el futuro. Más nos vale tomarlos en serio.

POR ALEJANDRO POIRÉ

*DECANO ESCUELA DE CIENCIAS SOCIALES Y GOBIERNO TECNOLÓGICO DE MONTERREY

@ALEJANDROPOIRE

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