Sobre la caravana migrante

Exigir generosidad y criticar es fácil; responder de manera correcta e integral es lo complejo

Sobre la caravana migrante

La tentación está ahí: México país generoso con los refugiados. México, país de origen, destino y tránsito de migrantes. Donde come uno, comen dos. Abramos las puertas a nuestros hermanos en desgracia. Todo esto es cierto y es el sentimiento que aflora cuando piensa uno en las miles de personas desesperadas que dejan su patria, cuando nada puede ser peor que el presente que viven en sus lugares de origen.

Pero esto es sólo un lado, el indispensable y loable lado bondadoso y humanitario de un fenómeno por demás complejo y multifacético. Alrededor de 400 mil migrantes del triángulo norte cruzan todos los años nuestra frontera sur con la intención de alcanzar como destino Estados Unidos. Huyen de la violencia, del hambre, de la falta de oportunidades.

Cuando en 2014, abordando el fenómeno de los menores migrantes no acompañados, le pregunté a una abuela hondureña por qué había enviado solitos a dos de sus nietos cruzando Centroamérica, México y EU, hasta tratar de llegar a Florida donde se encontraba el padre de éstos, me dijo: Cuando se pierde toda la esperanza, ya no hay nada más que perder, la respuesta me conmovió. Más conmovida quedé después de visitar las estaciones concentradoras del INM, donde conversé con migrantes -la mayoría menores- de El Salvador, Honduras y Guatemala. Tenían cara de desesperación, angustia, de cansancio. Muy pocos querían quedarse en México, su objetivo era empleo o reunificación familiar en EU.

La mayoría pagó el llamado combo a los traficantes, quienes les daban a cambio tres teléfonos: el del traficante que los ayudaría a cruzar Centroamérica, el que lo haría en México, y el de quien los llevaría a EU. Me pedían un teléfono para esa llamada desesperada al traficante.

En esta ocasión, la caravana migrante que viene desde Honduras, no fue un fenómeno espontáneo. Se trató de una movilización orquestada -incluso responde en parte a la política interna de Honduras-, los liderazgos ruines se aprovecharon de la angustia de las personas. Llamaron a niños, mujeres -incluso a embarazadas-, hombres, todos con el objetivo de buscar oportunidades en EU y engañados de que México les daría una visa de tránsito humanitaria (que no existe).

Se trata de una nueva forma de migración, al estado de tránsito lo ponen contra la espada y la pared: defender los derechos humanos; la soberanía de ingresos violentos; buscar una migración ordenada; hacer honor a la tradición de asilo de México; otorgar visas de empleo cuando no existen contratos reales para los migrantes.

Vi en las redes que muchos se llenan la boca de hablar de sus antepasados migrantes y de la generosidad que debe tener el país, pero al mismo tiempo no están dispuestos a mover un dedo para ver de qué forma y con qué recursos se va a otorgar una vida digna temporal o permanente a los migrantes. Que el gobierno los atienda y que haga respetar nuestra soberanía (frente a Trump). Hablar y criticar es la parte más sencilla. Éste es un fenómeno en extremo delicado, que no sólo llegó para quedarse, si no que se puede exacerbar.

 

 

VANESSA RUBIO

SENADORA PRI

@VRUBIOMARQUEZ

 

¿Te gustó este contenido?




Lo mejor del impreso
OpiniónPapa Francisco, el campeón del mundo

Papa Francisco, el campeón del mundo