Slim, inmensamente rico. ¿Es también un gran empresario?

Nuestra economía genera personas ricas, pero no empresarios realmente visionarios, innovadores y creativos

Slim, inmensamente rico. ¿Es también un gran empresario?

Forbes publica la lista de las personas más ricas del mundo, no el ranking de los mejores empresarios, los más innovadores o los que más aportan a la sociedad. Según la revista, en marzo había 2 mil 153 multimillonarios en el planeta. Entre ellos, 17 mexicanos: Carlos Slim (quinto en la lista global), Germán Larrea (lugar 98), Ricardo Salinas Pliego (122), Alberto Baillères (198) y Eva Gonda (233). Completan el pelotón de ultra ricos nacionales de Forbes: María Asunción Aramburuzabala, Juan Bechmann, Jerónimo Arango, Antonio del Valle y Emilio Azcárraga, entre otros.

No se realiza, pero si se hiciera con regularidad otra relación ¿cuántos mexicanos habría en la lista de los grandes empresarios, los innovadores, los filántropos que han hecho grandes aportaciones sociales? La respuesta sería NINGUNO. Tristemente, nadie en México de la talla de Steve Jobs (Apple), Bill Gates (Microsoft), Warren Buffett (Berkshire Hathaway), Jeff Bezos (Amazon), Larry Page (Google) o Howard Schultz (Starbucks).

Nuestra economía genera personas inmensamente ricas, pero no empresarios realmente visionarios, innovadores y creativos. Se debe a que el sistema mexicano no premia la competencia, el desarrollo tecnológico, el talento creador. Lo que México retribuye es el tráfico de influencias, el monopolio, la explotación sin límites de la naturaleza, la devastación de bosques, ciudades y playas.

¿Debemos tomar a Carlos Slim —o a los otros empresarios mexicanos— como líder que debe marcarnos la ruta a seguir para superar los problemas de la nación? No lo creo: el ingeniero Slim carece de la autoridad moral de un gran empresario. No es un emprendedor ejemplar: porque su riqueza nace de un monopolio que le dio el Estado; porque no forjó su fortuna desarrollando nuevos productos que hayan cambiado a la sociedad; porque jamás ha caído de bruces. Como Jobs, que se fue a la lona y se levantó para crear algo todavía más grande. Su tableta para escribir y dibujar revolucionó la forma en que creamos historias.

Porque jamás ha pedido, como emprendedores de otros países, pagar más impuestos, porque son los más ricos y por lo tanto los que más deben contribuir.

Porque no es el filántropo de nivel mundial que debería ser, dado el tamaño de su fortuna. Lejos está de Warren Buffett quien, en 2010, con Bill Gates, creó la iniciativa Giving Pledge, que invita a los millonarios del mundo a donar al menos la MITAD de sus patrimonios para una buena causa. El ingeniero Slim aparece al lado de Gates y Buffett, pero se ha negado a formar parte de Giving Pledge.

No veo a Slim como líder moral. Por lo tanto, su crítica a AMLO por pretender llevar internet a todos los rincones de México sólo con cablecitos, no me parece la expresión de alguien que exige la vanguardia tecnológica, sino el temor de un rico que percibe una amenaza a su negocio.

Si Slim desea que todo el país tenga internet de última generación, en lugar de dimes y diretes, que ayude como filántropo —con recursos— a conectar esa parte olvidada de México. No ganará dinero, pero empezará a ser un gran empresario.

Por VERÓNICA MALO GUZMÁN

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