Sin fronteras

Estas supuestas victorias se tradujeron en varios tuits lanzados por el presidente Donald Trump, quien victoriosamente forzó al gobierno mexicano a responder contundentemente ante el creciente flujo migratorio

Rina Mussali/ Columnista invitada/ Ell Heraldo de México
Rina Mussali/ Columnista invitada/ Ell Heraldo de México

El acuerdo alcanzado entre Estados Unidos y México, la semana pasada, si bien logró la suspensión indefinida de la aplicación de aranceles, dejó mucho que desear. En el corto plazo, fue una estrategia triunfadora, más para el mandatario estadounidense que para el nuestro, pero ambos celebraron su capacidad de darle gusto a sus respectivas bases electorales.

Estas supuestas victorias se tradujeron en varios tuits lanzados por el presidente Donald Trump, quien victoriosamente forzó al gobierno mexicano a responder contundentemente ante el creciente flujo migratorio proveniente de Centroamérica hacia la frontera norte. Por su lado, Andres Manuel López Obrador aplaudió el trabajo liderado por el canciller Marcelo Ebrard en Tijuana, ante una marcha dedicada a la unidad y dignidad de México. Aunque estas escenas mediáticas siempre regresan una calma después de una posible tormenta, la realidad es que se aplicó una estrategia unilateral por parte de nuestro vecino del norte. Desde su campaña, el Presidente mexicano proclamó que la agenda nacional marcaría la política exterior del país, con total respeto a los principios de política exterior delineados en el artículo 89 de nuestra Constitución.

En particular, el concepto de la no intervención sería uno de los más respetados. Esto se aplicó de manera evidente cuando AMLO manifestó la neutralidad de su gobierno ante la crisis humanitaria en Venezuela. Sin embargo, un solo tuit de Trump amenazando a México con aranceles a todas sus exportaciones fue suficiente para causar una reacción inmediata del gobierno mexicano.

Nuestro país envió una delegación de funcionarios del más alto nivel a Washington para atender y apaciguar las demandas de su primer socio comercial. En términos prácticos, los acuerdos alcanzados lograron su objetivo de evitar medidas económicas que, según cifras de Citibanamex, estimaban que las tarifas arancelarias de 5% significarían una depreciación de 3.7% del peso en términos del deterioro comercial. También, hasta cierto punto, uno de los mayores éxitos del Canciller fue separar el tema comercial del migratorio.

No obstante, los requisitos impuestos por la Casa Blanca únicamente otorgaron a México un plazo de 45 días para reducir drásticamente el número creciente de migrantes en la frontera norte, por medio de un despliegue de 6 mil elementos de la recién creada Guardia Nacional al sur del país. Esto, añadido a una expansión del Protocolo de Protección Migratorio, qué exige que los migrantes sean deportados a México mientras esperan que sus peticiones de asilo sean atendidas en cortes estadounidenses, un proceso que puede durar hasta dos años.

México, aparte, estará sujeto a una evaluación por mes y medio para rendir cuentas de los compromisos cumplidos. Es decir, el principio de la no intervención presumido por AMLO perdió credibilidad ante esta potencia mundial. Queramos o no, Estados Unidos intervino de manera directa por medio de exigencias y amenazas en la soberanía de México. Esto ocurre cuando no existe una estrategia diplomática y de política exterior bien definida. Al no tenerla, el país seguirá reaccionando ante amenazas imprevistas conforme le vayan llegando, y eso casi siempre tendrá consecuencias y posicionará al país ante una desventaja, tomando este suceso como ejemplo de ello, ante otras naciones.

POR LILA ABED
INTERNACIONALISTA Y POLITÓLOGA

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