Sin embargo, persistirá

Desde la campaña y hasta ahora, el gobierno ha intentado un equilibrio delicado, a veces desconcertante

ALEJANDRO POIRÉ

Cuando se perfilaba la victoria de AMLO y Morena, en las elecciones del año pasado, se gestó un debate interesante sobre cómo respondería su eventual gobierno ante adversidades causadas por sus malas decisiones económicas. Desde entonces se veía con preocupación la posibilidad de la cancelación del aeropuerto de Texcoco, pero sobre todo se hablaba del efecto potencial de un descarrilamiento por la marcha atrás de la Reforma Energética.

Esta era, y sigue siendo, una pregunta central no sólo para los adversarios de López Obrador, sino también para quienes simpatizan con su oferta de cambio político, pero desean que se logren los enormes beneficios, sobre todo potenciales, de las reformas orientadas a la liberalización económica del país. Millones de ellos, en la elección pasada, decidieron apoyar el cambio político, estimando que, como Presidente, AMLO se moderaría y evitaría decisiones desastrosas.

La pregunta sigue abierta, y es pertinente hacer un balance. Desde la campaña y hasta ahora, el gobierno ha intentado un equilibrio delicado, a veces desconcertante, entre pésimas señales para los mercados (ejemplo el NAIM), y otras que ofrecen continuidad, como un presupuesto orientado a mantener el balance macroeconómico.

La reciente estrategia de combate al robo de combustibles es un escenario idóneo para evaluar este equilibrio. Cualquiera que sea el objetivo real de esta iniciativa, porque la comunicación al respecto es confusa, representa un hecho que no vendrá exenta de costos. Por ahora, los más notorios se dan en la disrupción de las actividades cotidianas en el Bajío y occidente del país, pero estos efectos pueden ampliarse a la Ciudad de México, e incluso profundizarse por el lado inflacionario o de una reducción de actividad económica en general. Como muestra de ello, el sector turístico de Guanajuato ya reportó una disminución del 18% en la ocupación hotelera respecto del arranque del año pasado, y Banxico ha anunciado que ampliará la información pertinente en las próximas semanas. A ello habrá que sumar el incremento de costos para Pemex por el cambio de estrategia logística, al abandonar el medio más barato, seguro y eficiente que representan los ductos, y otros costos asociados.

Adicionalmente, en opinión pública está por verse el efecto en aprobación y credibilidad para el propio gobierno. Es obvio que habrá respaldo en principio a cualquier señal de combate al crimen, y habrá que ver la evolución en futuras encuestas.

Pero no he visto aún alguna que sugiera que la gente aprueba la idea de frenar el abasto, o que ello no le signifique costos, independientemente de posteriores impactos en inflación o inversión.

Tampoco existen muchas alternativas para lograr la normalización del flujo de combustibles en el corto plazo que no incluyan la reapertura generalizada de los ductos, lo que implicaría un cambio importante en la estrategia gubernamental. Ante los obstáculos que enfrenta una política pública aparentemente insostenible, tendremos una nueva evidencia de si el gobierno corregirá o persistirá, apostando a la consolidación de su base ideológica.

 

Por ALEJANDRO POIRÉ

@ALEJANDROPOIRE

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