Si no gritan, no las oyen

Seamos honestos, ¿le hubieran prestado atención a una protesta pacífica?

Gabriel Baducco / Así de sencillo / Heraldo de México
Gabriel Bauducco / Así de sencillo / Heraldo de México

Habrá más, muchas más. Las protestas del fin de semana (originalmente por las agresiones sexuales ejercidas por algunos miembros de la policía de la Ciudad de México en contra de mujeres) son apenas el comienzo. No nos cuidan, nos violan fue la consigna. La verdad es que estos casos detonan siglos de un sometimiento normalizado. Y, parece, eso se terminó. A lo que estamos asistiendo, y muchos aún no se han dado cuenta, es un cambio profundo de forma en la que nos han enseñado lo femenino, tanto a hombres como a mujeres.

La brillantina rosa y los pañuelos verdes tomarán las calles de México cada vez más. Ya lo verán. Y Cómo no, si en este país suceden tres feminicidios y cincuenta violaciones cada día; si la encuesta de Inegi dice que 66.1% de las mujeres mayores de 18 años han sufrido algún tipo de agresión física, psicológica o sexual; si 83% de las mujeres que tienen una relación sentimental recibieron algún tipo de violencia de parte de su propia pareja (gob.com.mx) y si el año pasado cincuenta niñas de 10 años dieron a luz a un bebé producto de una violación.

Los pañuelos se multiplicarán y se sumarán otros, este movimiento que apenas pinta las calles de México tiene más tiempo en otras partes de América Latina. Los pañuelos verdes simbolizan la lucha por la despenalización del aborto; los celestes son a favor de las dos vidas (madre y embrión); los naranja, por la separación de la iglesia y el estado; los morados por la reivindicación por los derechos de la mujer.

Ojalá que los colores cambien el orden al que nos hemos acostumbrado… tanto que 88.4% de las mujeres agredidas no presentaron una denuncia (Inegi).

No nos damos cuenta de qué tan fácil se pone en marcha la maquinaria de la violencia de género.

Las hormonas, soltó como al pasar ayer un hombre durante una conversación de la que participábamos varias personas, acerca de la virulencia de las manifestaciones del fin de semana. Y quizá no tuvo la intención ofender a las mujeres que estaban allí, pero vaya que lo logró. Decir que los actos de un grupo de personas están regidos por la carga hormonal es lo mismo (o casi) que decirle irracionales. Ah, el poder de las palabras y las semillas que siembran. Quizá ha llegado la hora de preguntarnos qué tanta distancia hay desde el histérica a que 95% de las mujeres adultas haya recibido al menos una agresión verbal por parte de un desconocido en un lugar público.

¿Cuántas costumbres deberemos cambiar antes de que las cifras de violencia de género desciendan? ¿Qué tan mal hemos construido las relaciones entre hombres y mujeres? ¿De qué nos perdimos en el camino?

Es verdad que muchos hubieran preferido que no sucedieran los actos de vandalismo en la ciudad, yo entre ellos. Pero, seamos honestos, ¿le hubieran prestado la misma atención con una protesta pacífica?

POR GABRIEL BAUDUCCO

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@GABRIELBAUDUCCO

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