Sheinbaum: limpiar la casa

Por primera vez en la historia, un presidente va a la unción de una gobernante local

Wilbert Torre / Serendipia / Heraldo de México

Las manos de Andrés Manuel López Obrador eran las que más fuerte y rápido se batían después de ver protestar a Claudia Sheinbaum en el Congreso de la Ciudad de México. No era para menos: por primera vez en la historia, un Presidente de la República asistía a la unción de una gobernante de la capital perteneciente a su mismo partido.

Era también la primera vez que una mujer electa ascendía al gobierno de la Ciudad, la primera que liderará una alternancia de izquierdas desde 1997, cuando los capitalinos comenzamos a elegir a nuestros gobernantes. Desde la elección de Cuauhtémoc Cárdenas, ese año, habían sido electos puros hombres en la ciudad más liberal del país.

En 1997 Cárdenas fue electo primer jefe de gobierno después de una larga y lúgubre tradición de regentes nombrados por el Presidente de la República. El último fue Óscar Espinosa Villarreal, quien llegó y se fue a la cárcel bajo las siglas del PRI.

Eran los años en los que el autoritarismo del régimen producía sesgos antidemocráticos como el hecho de que a los habitantes de la capital del país se les coartara del derecho a elegir a sus gobernantes. El presidente los nombraba y los regentes, que así se llamaban, llegaban y se instalaban sin protestar ante ninguna institución o autoridad. Recibían órdenes del presidente y sólo le rendían cuentas a él.

El último presidente que asistió a la toma de protesta de un jefe de gobierno fue Ernesto Zedillo, el 5 de diciembre de 1997. El PRI había perdido la elección en la ciudad y tres años después abandonaría la Presidencia.

Ayer, el clima era distinto, tan diferente como la ciudad de aquellos días. En los últimos 20 años la CDMX tuvo su primera elección y a partir del gobierno de Cárdenas su rostro se volvió más liberal, tolerante, incluyente y solidario.

Se aprobaron los matrimonios gay antes que en otras ciudades paradigmáticas y la vida cultural tuvo un auge inédito; y también se desató la ambición y la corrupción terminó por corroer a la izquierda. La ciudad se convirtió desde entonces en un bastión sin cuya existencia las esperanzas de ganar la tercera elección se hubieran reducido al mínimo para el ahora presidente.

Por todas esas razones, ayer López Obrador aplaudió casi con furia tras la protesta de Sheinbaum, y después su rostro se pintó con una sonrisa de satisfacción que no se le desvaneció en toda la ceremonia.

La sonrisa de López Obrador choca grotescamente con la cara horrenda de la Ciudad de México tras la era Mancera: narco, corrupción política e inmobiliaria, y un sistema de movilidad a punto del infarto. Científica de excelencia y mujer de izquierdas –año en el que ganó Cárdenas, firmó la jefa de gobierno su tesis en el 88, de acuerdo con el relato del reportero Samuel Adams–, Claudia Sheinbaum tiene enfrente una crisis y la oportunidad de limpiar y ordenar la casa.

 

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@wilberttorre

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