Sergio Torres Ávila: ¿Forma o Fondo?

Debemos exigir al presidente y a su gobierno que trabajen de manera profesional, que dejen a un lado el encono y las ocurrencias

Sergio Torres/ Columna Invitada
Sergio Torres/ Columna Invitada

A unos días de que el presidente Andrés Manuel López Obrador rindiera un informe de sus primeros 100 días de gobierno, las encuestas muestran una popularidad alta. Su nivel de aceptación es superior al de anteriores presidentes en esta etapa del sexenio.

Esto a pesar de decisiones polémicas y costosas para el país: la cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México; la designación de un gabinete inexperto en un área estratégica como lo es energía, factor que contribuyó a la emergencia por escasez de combustibles básicos para el país; la violencia sin freno en casi todo el territorio (de la cual puedo dar testimonio personal), la creación de una Guardia Nacional que en los hechos tendrá mando militar; la cancelación del apoyo a refugios para mujeres víctimas de violencia de género; el desprecio a las organizaciones sociales que por años han construido democracia en México y el alineamiento de facto al gobierno dictatorial de Venezuela.

Y si alguien tuviera duda del costo para el país del breve gobierno de López Obrador, bastaría con recordarle la incertidumbre económica que hoy es una realidad. La recesión que ya se está observando a nivel macroeconómico, si bien es debida tanto a factores internos como externos, se suma peligrosamente a la baja en las notas de inversión de las calificadoras, que demuestran la falta de confianza de los inversionistas nacionales y extranjeros con este nuevo gobierno.

Pero entonces, ¿por qué este nivel de aprobación?, ¿por qué los mexicanos, -que en palabras del mismo AMLO son un pueblo sabio-, mantienen el apoyo a un presidente que con sus decisiones está rompiendo el frágil pacto social de la incipiente democracia mexicana? La razón es que en el apoyo popular a AMLO no hay racionalidad, sino una fuerte carga emocional. Como reflexiona Jorge Buendía en el análisis de su encuesta nacional de opinión pública, racionalmente esperamos que la aprobación presidencial refleje la evaluación del desempeño en el cargo…, pero en realidad esta refleja expectativas… o incluso características de los entrevistados (https://bit.ly/2C4z3Fm). La gente, más que opinar de lo que sabe o conoce, opina de lo que cree, ansía o sueña.

¿Y en qué cree la mayoría de la gente? En un presidente justiciero que viene a poner orden en una tierra sin ley, lastimada por los abusos de una élite que se apoderó del gobierno. En colusión con un grupo de empresarios, este grupo extrajo todos los recursos públicos que pudo y al final dejó un desastre en el gobierno. Por tanto, la Cuarta Transformación de AMLO es un movimiento que viene a purificar. Es una narrativa muy rentable política y electoralmente, (así sea una lectura parcial de la realidad), que aprovecha el sentimiento de revancha de una mayoría que históricamente ha tenido, sin duda, justas razones para sentirse agraviado.

Pero los grandes cambios, las políticas publicas que reconstruyen de fondo un país, no se logran únicamente con pasiones, sino con razones también. Hace falta serenidad para transformar la realidad. Sin planes, diseño y profesionalización, nada se logra. Por eso es importante no dejar de recordar al gobierno que no bastan la buena imagen y la popularidad. Lo más importante son los resultados. Y más aún cuando, de ser real el diagnóstico desastroso que todas las mañanas nos pinta AMLO, urgen, como nunca, soluciones. Resultados.

Debemos exigir al presidente y a su gobierno que trabajen de manera profesional, que dejen a un lado el encono y las ocurrencias. Exijamos más resultados y menos conferencias. Planes mejor estructurados y menos rituales. Más presidente y menos candidato. Más fondo que forma.

Por Sergio Torres Ávila

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