Tango acompasado

La guerra entre el Presidente y sus adversarios y enemigos trascendió la campaña

Wilbert_Torre
Wilbert Torre / Serendipia / Heraldo de México

Una vez que Andrés Manuel López Obrador ha cruzado el umbral de los 100 días, están claros los desafíos del Presidente, el gobierno como una maquinaria que hace funcionar las políticas públicas, y los principales actores y poderes -los gobernadores, la sociedad civil y los empresarios-, en la tarea de gobernar, los primeros, y de acompañar, vigilar y presionar definiciones y correctivos, cuando sean necesarios, los segundos. Una cosa debe quedar clara como punto de partida: la guerra entre el Presidente y sus adversarios y enemigos trascendió la campaña, ha estado presente como un fantasma cáustico en estos tres primeros meses de gobierno, y continuará sacudiendo al país los próximos años.

En el fondo se trata de la confrontación histórica entre el modelo neoliberal instaurado por Carlos Salinas hace 30 años, y el que ha llegado a imponer López Obrador con una política social basada en la entrega de dinero y la cancelación de programas y políticas públicas por sospechas de corrupción y malos manejos administrativos. Son dos posturas y formas irreconciliables de mirar al país.

Todos, el Presidente y los actores políticos y sociales, tienen mucho que aprender de esta fase de adaptación. ¿Qué ha quedado claro en estos 100 días?

Un inicio repleto de contrastes y de circunstancias con trasfondos o contextos que hacen difícil ponerlo todo en un plano.

Por un lado, decisiones bien recibidas por la sociedad porque representan cambios y decisiones importantes que evadieron gobiernos anteriores, como la política de austeridad, combate al robo de combustible, presupuesto equilibrado, el aumento al salario mínimo.

Y por otra parte la repetición de algunos de los vicios y dolores de cabeza recientes: el asalto del servicio público por parte de la militancia de Morena -la reedición del compadrazgo priista y un gobierno de leales-, que si en el pasado acaparó los altos puestos –la burocracia dorada–, ahora parece extenderse a las áreas donde se hace el trabajo de análisis y revisión de las políticas públicas.

En los siguientes años, si desean convertir la confrontación en colaboración, el Presidente, el gobierno, los empresarios y la sociedad civil deberán bailar un tango acompasado.

El Presidente, en ese estilo personal que ha desbordado las formas hieráticas del presidencialismo, para escuchar y corregir errores o revertir decisiones más allá de opiniones y juicios personales; y los empresarios y la sociedad civil, en un territorio incendiado por posturas adversas, para documentar errores o políticas públicas ineficientes, y presionar y exigir su modificación.

La aprobación de la guardia civil, es un ejemplo de coincidencias políticas en medio de la división. Los acuerdos de este proceso difieren con el tono y la posición inamovible del gobierno de Peña durante la aprobación de la ley de seguridad interior. Mirando al futuro, el acuerdo de la Guardia Nacional es un antecedente importante de convergencias posibles en medio de la polarización.

 

 

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@wilberttorre

 

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