Parálisis

El Presidente batalla todos los días para echar a andar la administración pública y partes esenciales, como los programas

Wilbert Torre / Serendipia / Heraldo de México

La vida es engañosa: antes de que el presidente Andrés Manuel López Obrador tomara posesión, un extraño consenso nacional, que envolvía su imagen polarizante, dictaminó que había empezado a gobernar tan pronto ganó la elección, como no había hecho ningún gobernante en la historia del país. Nueve meses después, la parálisis ataca partes vitales del nuevo gobierno.

Los meses previos a su toma de posesión, López Obrador puso en marcha consultas como las que decretaron la sepultura del proyecto cumbre del peñismo, el aeropuerto de Texcoco, y casi todos los días hizo anuncios que pintaron un lienzo simbólico de su gobierno y sus principales frentes: la lucha contra la corrupción, la inseguridad, el despilfarro, la violencia y la impunidad.

A partir de julio y por un periodo de cinco meses que pareció una eternidad, con un activismo inusitado de anuncios y decisiones, el presidente electo borró del mapa, como si se tratara del vestigio de una antigua civilización, al presidente en funciones.

Pero la vida está llena de sorpresas: el único presidente que tomó decisiones antes de sentarse en la silla es el mismo que cuatro meses después de tomar posesión batalla todos los días para echar a andar la administración pública y partes esenciales de ella, como los programas sociales largamente planeados y cuyo inicio se ha retrasado también una eternidad, como resultado de errores de planeación y correctivos que han demorado su inicio.

Este retraso, una de las grandes molestias y dolores de cabeza del presidente, puede ser atribuible al atropellamiento en la operación de las decisiones tomadas.

Un ejemplo son los censos que los siervos de la nación, el ejército de jóvenes obradoristas. A cuatro meses de que inició el gobierno, miles de adultos mayores no han recibido las pensiones de los programas sociales de los gobiernos federal y de la CDMX.

El gobierno obradorista decidió hacer su propio conteo de beneficiarios ante las sospechas de corrupción, pero la decisión dejó en un limbo a miles de viejos que están en espera de recibir el dinero de los últimos cuatro meses.

El programa Jóvenes Construyendo el Futuro, la más importante promesa de la campaña, también está parcialmente detenido. El poder emergente de la academia, representado por la secretaria Luisa María Alcalde, logró imponerse al poder político tradicional en el diseño de las reglas de operación del programa, que ha fracasado en el intento de sumar a miles de jóvenes que viven en municipios distantes y no tienen teléfono ni red de internet para registrarse.

La parálisis y los conflictos están presentes de un polo a otro, de la política social a la política exterior y la económica, en donde tres cabezas se disputan el poder y las decisiones: el canciller Marcelo Ebrard, el subsecretario Seade –impuesto por AMLO en las negociaciones del T-MEC, y que a vez confronta el poder de la Secretaría de Economía, en teoría está a cargo del nuevo acuerdo comercial– y la embajadora en Washington, Martha Bárcena.

 

Por WILBERT TORRE

@WILBERTTORRE

¿Te gustó este contenido?




Lo mejor del impreso
OpiniónSacapuntas / Heraldo de México

Sacapuntas