El malogrado césped del Azteca

¿Por qué la Profeco no clausura las instalaciones del estadio hasta que no esté en condiciones?

Wilbert Torre / Serendipia / Heraldo de México

La primera institución de gobierno que se sacudió con un conflicto de interés fue la Procuraduría Federal del Consumidor, cuando Humberto Benítez Treviño, parte del entonces todopoderoso Grupo Atlacomulco, la casa del presidente Enrique Peña, debió renunciar en abril de 2013, tras el escándalo protagonizado por una de sus hijas.

A 15 días de que el peñismo baje las cortinas, otro conflicto vuelve a poner en el ojo de un huracán mediático a la misma Procuraduría: el malogrado césped del legendario Estadio Azteca.

Se trata de una historia compuesta de ambición y negligencia. Al acoger hace algunos años toda clase de eventos deportivos, artísticos y políticos, los propietarios arruinaron la grama del estadio monumental construido en 1962 por el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez.

La maltrecha condición en la que debe encontrarse la cancha del Azteca llevó a cancelar el juego de futbol americano que estaba previsto para el lunes siguiente entre los Carneros y los Jefes de Kansas City, líderes de la División Oeste de la Conferencia Nacional y Americana.

El gobierno del presidente Peña Nieto aportó más de 10 millones de dólares de recursos públicos al Consejo de Promoción Turística de México para promover el partido que hace unas horas fue cancelado.

Miles de aficionados habían comprado entradas y boletos de avión para trasladarse a la Ciudad de México.

Los organizadores han anunciado que devolverán el importe de los boletos del partido, pero el daño está hecho.

El desprestigio de México continúa al alza en el plano internacional, mientras la gente se pregunta: ¿por qué la Procuraduría Federal del Consumidor no clausura las instalaciones del estadio hasta que no esté en condiciones de celebrar eventos de manera adecuada, sin que se corran riesgos y el público pueda disfrutar de un espectáculo digno del precio que paga?

Una sanción de tres o cuatro semanas, similares a las que la Procuraduría suele echar encima a otros negocios, sería un buen escarmiento.

Significaría que los próximos partidos del Cruz azul y el América, incluso en el remoto caso de que se enfrenten en la final del futbol, tendrían que llevarse a cabo en otro estadio. ¿Eso sí le dolería a los dueños?

La triste historia del escándalo conocido como Lady Profeco, que acabó con la carrera de Humberto Benítez, representa por tanto un desafío para el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, quien por cierto llevó a cabo su cierre de campaña en el Estadio Azteca.

Antes de asumir el poder, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador se encuentra ante un primer conflicto de interés.

¿Aplicará las leyes sin consideraciones? El del Estadio Azteca no es un asunto de vida o muerte ni para la empresa propietaria, ni para el gobierno ni para el país, pero sí es un termómetro eficaz para intuir por dónde se moverán las leyes, las filias y las fobias en el obradorismo.

 

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@WILBERTTORRE

 

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