Sedena S.A.

Si queremos mantener al ejército fuera de los actos de corrupción, mantengámoslo fuera de los negocios

Demetrio_Sodi_

Cada día es más claro que el gobierno de López Obrador es de ocurrencias y de caprichos. La cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional de México, la idea de construir el de Santa Lucía, el Tren Maya, el proyecto del Istmo, la refinería de Dos Bocas, entre otras, son decisiones que ha tomado sin ningún estudio técnico o análisis financiero.

Todos los días se le ocurren nuevas ideas que tienen gran dificultad para llevarse a cabo, los precios de garantía, que el gobierno compre y almacene grano, que las tiendas Conasupo vendan perecederos o que las abuelitas cuiden a los niños y niñas, pero la ocurrencia que no tiene límite es que la Secretaría de Defensa Nacional no sólo construya, sino que también opere el aeropuerto de Santa Lucía.

Por alguna razón, que ojalá explicara, López Obrador quiere quedar bien con los militares y seguramente ante el rechazo de éstos a seguir operando fuera de la ley no le quedó otra que proponer una Guardia Nacional, responsable de la seguridad pública, que esté bajo las órdenes militares, así mismo ante su negativa a entregar al gobierno la base militar de Santa Lucía o el terreno del Campo Militar #1 se le hizo fácil proponer que la Sedena se convierta no sólo en el constructor, sino en el operador y comercializador tanto del aeropuerto como del desarrollo inmobiliario en Santa Fe.

El problema es que por mucho que lo quiera, esto no es posible, ya que no está dentro de las facultades que le otorga la Ley Orgánica del Ejército y Fuerza Aérea. La ley es muy clara y las facultades de esa secretaría tienen que ver con organizar, administrar y preparar al Ejército y la Fuerza Aérea. Puede asesorar militarmente la construcción de toda clase de vías de comunicación terrestres y aéreas, pero entre sus facultades no está el construir, operar y comercializar aeropuertos civiles o desarrollos inmobiliarios. Hay que recordar que el gobierno y sus secretarías sólo pueden hacer lo que les faculta la ley por lo que esta nueva ocurrencia se topará con pared, a menos que el Presidente y los generales estén de acuerdo en ampliar las facultades de la Sedena para convertirla en una sociedad anónima.

Habría que preguntarle a López Obrador por qué ese giro de 180 grados en su forma de pensar, durante los últimos 12 años y especialmente en la campaña presidencial, su discurso era sacar al ejército de las calles y ahora no sólo quiere responsabilizarlo de la seguridad publica, sino que haga negocios, distribuyendo gasolina y construyendo y operando aeropuertos y desarrollos inmobiliarios.

Todo el presupuesto federal tiene que controlarlo la Secretaría de Hacienda, especialmente en el caso del ejército y la marina a los que no se les puede permitir que lleven a cabo negocios y busquen utilidades. Si queremos mantener al ejército fuera de la corrupción mantengámoslo fuera de los negocios.

Igual que no podemos permitir que ejército se encargue de la seguridad pública, tampoco podemos permitir que la Sedena se convierta en una sociedad anónima y los generales en administradores de una empresa constructora, distribuidora y comercial.

 

@demetriosodi

¿Te gustó este contenido?




Lo mejor del impreso
OpiniónRuy Febén y Carlota Rangel / Señales de humo / El Heraldo de México

Lo que se quemó