Sed de gasolina

Una amplia mayoría está dispuesta al sacrificio con tal de terminar con el huachicol

Alejandro_Cacho
Alejandro Cacho / Touché / Heraldo de México

Estamos entrando a la tercera semana de la crisis por el desabasto de gasolinas y el saldo está lejos de ser positivo para el gobierno. La ventaja para el presidente López Obrador es que goza de un enorme respaldo popular y que nadie puede oponerse a la lucha por abatir el robo de combustibles. Hasta hoy, en la mayoría de las encuestas, la estrategia fallida para combatir el huachicol, con todo y todo, tiene un amplio apoyo ciudadano.

Cierto es que el Presidente no ha evadido el tema en sus conferencias mañaneras y que sus funcionarios no le ayudan mucho ante la opinión pública. Sin embargo, no es lo mismo dar mucha información que dar buena información; comunicar de manera efectiva. Hasta ahora, los mensajes del gobierno han sido imprecisos, poco concretos y hasta contradictorios. Si el problema del desabasto persiste y si la comunicación sigue siendo deficiente, el ánimo podría cambiar.

Primero, se trató de negar lo evidente: había escasez de gasolina. La respuesta oficial fue que hay gasolina suficiente para satisfacer la demanda. Se reconocieron fallas en la logística de distribución. Conforme creció la lista de estados afectados se tuvo que admitir un problema de abasto de combustible. Al mismo tiempo, se empezó a generar la falsa disyuntiva de que quienes se quejan del desabasto están a favor del robo de gasolinas.

Cuando la realidad superó al discurso de la negación vinieron las solicitudes de apoyo, de comprensión y para reducir el uso de los autos en un país donde el transporte público es escaso, inseguro y de ínfima calidad. Resistan, pidió el Presidente López Obrador. Y la gente está resistiendo, consciente de que la lucha es contra el robo de combustibles permitido y provocado por la corrupción oficial de los gobiernos anteriores. Una amplia mayoría está dispuesta al sacrificio con tal de terminar con el huachicol y muy pocos reconocen que la estratega del gobierno, si la hubo, fue mal ejecutada. El reparto de gasolinas en pipas es mucho más caro y mucho más lento que por ductos, pero parece que eso no importa, nadie del gobierno ha hablado de ese costo.

Se destinaron miles de elementos del Ejército, Marina y Policía Federal para custodiar los ductos. Helicópteros de la Fuerza Aérea Mexicana fueron desplazados para vigilar desde el aire. ¿Cómo es posible que, aún así, se han denunciado actos de sabotaje y los ductos siguen cerrados? ¿Falló también la custodia? Además, se informó la presencia de una decena de buques tanque, llenos de combustibles, anclados en aguas del Golfo de México y esperando descargar. Cada buque anclado le cuesta a Pemex entre 30 y 50 mil dólares diarios. La primera reacción de Rocío Nahle, secretaria de Energía, fue negarlo pero la presencia de esos enormes barcos no se puede ocultar por mucho tiempo.

Está claro que los colaboradores de López Obrador no son de mucha ayuda. El problema es que hoy no tenemos certeza de muchas cosas, principalmente de cuánto tiempo más durará el desabasto.

 

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@cachoperiodista

 

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