Se quedan sin apagafuegos

El desalojo de artesanos indígenas en el Zócalo evidenció inexperiencia y una necesidad del gobierno capitalino

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Alfredo González / A fuego lento / Heraldo de México

Los efectos de la Cuarta Transformación ya se dejaron sentir en la CDMX, con cambios administrativos relevantes y nuevas políticas públicas, pero no ha estado exenta de los tropiezos.

La pifia más reciente ocurrió el miércoles, cuando un grupo de empleados del gobierno central y la alcaldía de Cuauhtémoc levantaron y arrebataron sus mercancías a vendedores indígenas instalados sobre el Zócalo. No llegaba ni a 100 el número de artesanos, pero todavía ayer bloquearon por unas horas avenidas y calles del Centro Histórico de la ciudad.

Se trata de vendedores que desde hace una década ofrecían sus mercancías a espaldas de la Catedral Metropolitana, y fueron removidos con la llegada del nuevo gobierno para dar cumplimiento a un programa de reordenamiento.

En el pasado, Miguel Ángel Mancera les ofreció construir una plaza para que ahí pudieran ofertar sus productos, lo que nunca ocurrió. Con la llegada de Claudia Sheinbaum al gobierno, representantes indígenas pidieron audiencia para retomar el tema, pero tampoco tuvieron respuesta.

Ésa fue la razón por la que, a manera de protesta y buscando aprovechar la temporada decembrina, se instalaron; primero, en los portales del Palacio de Gobierno, de dónde fueron removidos; y luego, en la plancha central, donde se desató la zacapela.

De acuerdo con empleados del gobierno, el problema pudo evitarse, pero creció por la inexperiencia de los concertadores, los funcionarios responsables de atender reclamos ciudadanos y canalizarlos, mejor conocidos como apagafuegos.

La mayoría de ellos fueron contratados por la nueva administración y no tienen experiencia. Los veteranos en la materia fueron echados. El caso más emblemático es el de Pedro Bello, a quien le pidieron su renuncia, después de 30 años de servicio como bombero social.

Pedro fue jefe de todos los concertadores y, aunque no era mediático ni protagónico, se conocía todo el teje y maneje de las organizaciones sociales de la capital.

Sabía negociar, conocía a todos los líderes; sabía por dónde llegarles y qué ofrecer. Tenía un mapeo muy completo de conflictos y posibles soluciones.

El miércoles, los nuevos bomberos sociales fueron puestos en ridículo por un puñado de artesanos que sólo buscaban un espacio para trabajar.

Estos indígenas creen en la palabra de la jefa de Gobierno. Saben que le preocupa su situación, porque cuando tomó posesión, anunció medidas que les atañen, como la Secretaría de los Pueblos Originarios, el rescate de su cultura y presupuesto adicional para mejorar servicios a esa comunidad. Por eso no se entiende en qué momento dejaron en manos de un grupo de inexpertos atender un tema tan sensible como éste.

 

Y como dice el filósofo… Nomeacuerdo: Cuando se disipa el humo de las batallas, se deploran en secreto los errores que el entusiasmo hizo cometer.

 

 

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@alfredolez

 

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