Se buscan partidos suicidas

Parece lógico que la oposición niegue apoyar la Reforma Electoral. Apoyarla implicaría renunciar a la posibilidad de convertirse en mayoría

Ignacio Anaya Minjarez / Columna Invitada / Opinión El Heraldo de México
Ignacio Anaya Minjarez / Columna Invitada / Opinión El Heraldo de México

Actualmente se discute la que sería la primera reforma político-electoral que no contaría con el apoyo de la oposición. El 19 de junio, representantes de PAN, PRI, PRD y MC anunciaron su oposición a la propuesta de Morena porque la consideran un atentado contra el sistema democrático creado en los últimos años. El tema no es menor, desde 1977 hasta 2014, cada modificación constitucional en la materia tuvo en común que fue aprobada por márgenes de votación que rebasaban por mucho la mayoría calificada que para su aprobación exige la Constitución en ambas cámaras. Salvo grupos muy pequeños, la oposición siempre votó a favor de los dictámenes principalmente porque así vieron satisfechas algunas de sus demandas y obtuvieron mejores condiciones para competir en la arena política, de ahí la legitimidad de esos cambios.

El planteamiento del partido en el gobierno y sus aliados es percibido por el resto de los partidos como una amenaza para su permanencia y para la equidad de las contiendas electorales ¿tienen razón en verlo así? En mi opinión sí y aquí explicaré tres razones.

La reducción de 100 diputaciones de representación proporcional y la eliminación de ese principio en el Senado conllevaría enormes distorsiones en la integración de ambos órganos que favorecerían al partido más grande.

La mayoría de Morena en el Congreso se vería potencializada de manera artificial por los efectos que produciría esta medida, pues es gracias a la presencia de legisladores plurinominales que los institutos políticos pueden tener un porcentaje de representantes que se aproxime al porcentaje de votos obtenidos. Cabe mencionar que las izquierdas de todo el mundo han luchado desde el Siglo XIX por implementar estos sistemas electorales que hoy se pretenden menoscabar en México.

La desaparición del Consejo General del INE, de los Oples y el nombramiento de las Juntas Locales por la Cámara de Diputados implicaría entregar la organización de las elecciones al partido dominante. De aprobarse esa propuesta, en un plumazo se haría a un lado el esfuerzo de casi 30 años por tener elecciones confiables. Los órganos que exigen perfiles técnicos y profesionales serían integrados por personas nombradas por políticos pertenecientes a una mayoría parlamentaria.

La última razón que deseo abordar en este espacio es la presencia de un ejército de 20 mil funcionarios llamados Servidores de la Nación cuya tarea es visitar cada domicilio existente, primero para levantar un censo y después para entregar tarjetas bancarias con las que es posible disponer de los recursos económicos correspondientes a los programas sociales del gobierno federal. El uniforme que utilizan lleva el nombre del actual Presidente para entregar los apoyos. Me parece lógico que la oposición niegue su apoyo a la reforma electoral, es más, considero que apoyarla implicaría renunciar al derecho elemental que tienen todas las minorías en cualquier democracia, esto es, la posibilidad de convertirse en mayoría. Para aprobar su propuesta, Morena tendrá que buscar partidos suicidas.

 

POR PABLO LEZAMA BARREDA 

@PABLEZA

*Ex consejero electoral de la CDMX*

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