Santiago Fernández Sordo: División, muros y migración

Trump defiende su postura de colocar un muro argumentando que existe una crisis en la frontera sur, ante la que se debe actuar

Santiago Fernández Sordo /   Profesor de la Facultad
de Estudios Globales,
Universidad Anáhuac México
Santiago Fernández Sordo / Profesor de la Facultad de Estudios Globales, Universidad Anáhuac México

El riesgo de ver un nuevo cierre de gobierno en Estados Unidos es real, pues el presidente Donald Trump ha vuelto a amenazar con permitir que algunas agencias federales se queden sin recursos a partir de este fin de semana si no obtiene dinero para la construcción del muro con México.

La exigencia de Trump de incluir una partida en el presupuesto de 2019 que asigne hasta 5.7 mil millones de dólares para la construcción del muro es inaceptable para los demócratas, quienes proponen aprobar recursos para la implementación de otras medidas que garanticen la seguridad fronteriza, excluyendo cualquier barrera física. Ambos bandos se oponen a hacer concesiones y la división domina el ámbito político.

Trump defiende su postura argumentando que existe una crisis en la frontera sur ante la que se debe actuar. El constante flujo de migrantes provenientes de Centroamérica a través de México es una amenaza para la seguridad del país, asegura.

Propone construir una barrera física que detenga la entrada de migrantes a Estados Unidos; algo similar a la solución que se dio en Hungría en 2015, ante el intenso flujo de migrantes africanos y árabes hacia Europa. El gobierno húngaro decidió entonces construir una barrera en la frontera con Croacia y Serbia.

La barrera fronteriza húngara ha sido efectiva para reducir y controlar el flujo de migrantes y Trump considera que podría lograr un resultado similar si se aprueban recursos para la construcción de un muro.

Pero, más allá del muro, los casos de Estados Unidos e Hungría ponen en evidencia un problema mucho más profundo: la división social. La desigualdad, las guerras civiles, los gobiernos autoritarios (ligados o no a grupos criminales o terroristas), e incluso el cambio climático están provocando flujos migratorios importantes desde las zonas más marginadas del mundo hacia los países desarrollados.

La emergencia y su manejo ha provocado ya confrontaciones entre líderes europeos desde 2013; y amenaza con generar rupturas políticas profundas que obstaculicen el proyecto de integración europeo.

En América, la crisis migratoria se ha acentuado al menos desde 2014, año en que las peticiones de asilo en países como México y Costa Rica se elevaron poco más de 400 por ciento, según la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados.

El problema de raíz es la falta de seguridad y condiciones de vida dignas para un vasto número de personas en países como Nicaragua, Honduras o El Salvador; lo mismo para Medio Oriente y África. La respuesta ante la crisis en los últimos años sigue siendo la misma: dividir, cerrar las fronteras, desentenderse del problema y aislarse.

 

*Profesor de la Facultad  de Estudios Globales,

Universidad Anáhuac México

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