Santa Cláusula china

Históricamente, China continental es señalada por censurar, reprimir y atentar contra los derechos humanos de la población

Opinión de Camila Gómez Díaz Barreiro/ El Heraldo de México
Opinión de Camila Gómez Díaz Barreiro/ El Heraldo de México

¿Qué prefieres? Conocer la libertad y perderla, ¿o nunca haberla vivido?

La historia universal ha sido marcada por patrones independentistas una y otra vez: civilizaciones que evolucionan para convertirse en Estados o que luchan por recobrar su autonomía. Tal es el caso de Hong Kong, una ciudad china que salió especialmente victoriosa del fin de la colonización británica en 1997. Tras 155 años, fue devuelta a los chinos con una condición valiosa: conservaría la autonomía judicial mediante su Constitución, conocida como Ley Básica.

Frente a un gobierno centralizador, Hong Kong se ha distinguido por ser una isla laxa: antes un respiro para piratas y contrabandistas de opio (1860). Más adelante un espacio libre de censura para activistas, artistas e intelectuales que con fervor levantaban la voz contra la represión del régimen comunista de Pekín. Fue entonces como el territorio semiautónomo gradualmente se convirtió en refugio político para los exiliados chinos (1912) y en una alternativa de asilo para los desplazados durante conflictos bélicos (1937). Posteriormente, el acelerado ritmo de desarrollo, derivado de la independencia económica lo transformó en uno de los destinos más atractivos de la región.

Sin embargo, años de esfuerzos autónomos se disuelven como azúcar en agua hirviendo. Esta semana, más de un millón de ciudadanos protestaron en Hong Kong en contra de una ley que prevé la extradición a China de los acusados por delitos por penas superiores a los siete años. ¿La intención del gobierno? Desarticular el paraíso judicial que supone la isla para cientos de fugitivos. Lamentablemente, lo que comenzó en son de paz, ha ido oscilando a enfrentamientos violentos que pretenden frenar, en definitiva, el nuevo proyecto de ley.

Entre todo el caos, destacó un elemento: el gobierno chino difiere en cuanto al número de ciudadanos involucrados. De acuerdo con las autoridades, asistieron 240,000 personas; mientras que según los medios internacionales, uno de cada siete se unió a la marcha, lo cual se traduce en más de un millón de personas. Lo anterior es nada más y nada menos que una muestra de la tan criticada naturaleza gubernamental china: históricamente señalada por censurar, reprimir y atentar contra los derechos humanos de la población.

¿Lo que preocupa? La creciente centralización del poder en China. Si bien Hong Kong fue declarada Región Administrativa Especial en 1997 gozando de una autonomía jurídica parcial, en la práctica es cada vez más profundo el descontento que caracteriza a quienes habitan la isla. Y es que lo que un día se acordó como un país, dos sistemas respetando el ordenamiento legal, se definió a la luz de un tipo de santa cláusula. Se trata de un plazo que ahora está a la vuelta de la esquina: en 2047 se suscitaría la plena integración a China.

Comienza la cuenta regresiva de un evento que se percibía tan lejano y ajeno, como las consecuencias que enfrentarían a su llegada. Y a decir verdad, aquella santa cláusula china no pinta muy bien.

POR CAMILA GÓMEZ DÍAZ BARREIRO
@CAMILAGOMEZDB

¿Te gustó este contenido?