Sálvese quien pueda

La imposición de tarifas estanca el crecimiento económico por el alza en los precios de las importaciones, reduciendo la demanda

Camila Gómez / Crónica Atómica / El Heraldo de México
Camila Gómez / Crónica Atómica / El Heraldo de México

Si has jugado Catan, sabes que el flujo de recursos en gran parte depende de la disposición de intercambio de cada jugador. Por lo general no sucede sin consentimiento mutuo, y eventualmente se necesita de otros para subsistir. En la vida real, sucede algo —casi— igual. Sin embargo, a diferencia del juego de mesa, simultáneamente circulan billones de dólares que levantan industrias enteras y las mantienen en funcionamiento día con día. A su vez dependen de ellas un sinfín de vidas.

En el año 2018, bajo el discurso nacionalista de recobrar la fortaleza de la economía estadounidense y proteger a la industria local, el presidente Donald Trump dio inicio a una guerra comercial con algunos de sus socios.

De este conflicto, destacó la tensión con el principal socio: el gigante asiático chino que no pensó dos veces en regresarle el golpe.

Desde un inicio, el presidente Xi Jinping aseguró que las tarifas impuestas en las importaciones de tecnología china eran un intento estadounidense por conservar la hegemonía en el sector.

Mientras que Donald Trump convenció a las masas de que solamente pretendía revertir el déficit comercial bilateral, de 130 billones de dólares de exportaciones a China, contra 506 billones de dólares de importaciones. Se intercambiaron demandas ante la Organización Mundial de Comercio (OMC) y las hostilidades continuaron.

Cansada del berrinche entre las potencias rivales, esta semana la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) anunció las desventajas que actualmente encara el resto de la comunidad internacional ante la guerra comercial. Comunicó que el crecimiento de la economía del orbe solamente alcanzará un 3.3 por ciento en 2019, debido a la incertidumbre política que provoca la tensión entre Estados Unidos y sus aliados.

En el corto plazo el proteccionismo comercial fomenta ventajas competitivas en beneficio de los productores locales que incrementan la demanda y, a su vez, generan empleos.

Sin embargo, en el largo plazo la imposición de tarifas estanca el crecimiento económico por el alza en los precios de las importaciones, reduciendo la demanda, generando recortes de empleo, detonando la inflación y de paso atrofiando la competencia económica.

Aunque a veces lo parece, el intercambio global de bienes no es una emocionante ronda de Catan. La guerra comercial tarde o temprano tiene fuertes implicaciones que repercuten negativamente a nivel estatal y suponen una pesadilla a nivel individual. Por ello, es imprescindible encaminar esfuerzos fiscales y estructurales para aceitar el oxidado flujo comercial internacional.

Ante un país que cierra con candado sus puertas al exterior, el mensaje es claro: sálvese quien pueda.

 

@CAMILAGOMEZDB

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